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viernes, 15 de noviembre de 2013

M.E.D.I.A.C.I.Ó.N.

   Los conflictos existen, es una realidad y tod@s crecemos con ellos pero hay que atenderlos y debemos ir dando a l@s niñ@s las herramientas para resolverlos de la forma más respetuosa.
    Hoy se ha reunido por primera vez el Grupo de Mediación para resolver un conflicto. Está formado por cuatro niñ@s de diversas edades y un adulto. Si alguien tiene una queja, la redacta en una hoja preparada para ello, escribe quiénes están implicados/as y qué necesita del Grupo de Mediación. Hoy el Grupo ha leído la queja puesta por P. y A. y antes de llamar a l@s implicad@s, hemos hablado un poco sobre lo que ya sabíamos acerca del conflicto y sobre qué faltas creían que se habían cometido. N. ha ido a avisar a las 4 personas que tenían algo que ver en el asunto y tod@s hemos ido escuchando lo que tenía que decir cada uno/a y lo que necesitaba hacer, o que le hicieran, para arreglar el asunto.
     Ha sido una maravilla y tod@s hemos salido muy enriquecidos. Se ha tratado a tod@s con respeto y se ha buscado la mejor forma de ayudar a resolver, indagando en los porqués y buscando consecuencias sencillas y coherentes con lo ocurrido. Y hemos descubierto, después de resolver el conflicto por el que se quejaban, que el origen real está en un problema más profundo que tiene que ver con las relaciones entre varios niños.
      Este tipo de espacio educativo necesita tiempos donde los niños y niñas sepan que van a ser escuchad@s y que se les va a ayudar a resolver sus conflictos. Y eso debe hacerse con parte del grupo con el que conviven  porque así, es el grupo el que va regulando la convivencia y no somos los adultos los que tenemos que ir llamando la atención y decidiendo consecuencias. Como ya he dicho alguna vez, la autoridad adulta la mayoría de los casos es injusta y toma decisiones normalmente con prisa, sin escuchar a todas las partes y responsabilizando casi siempre al mismo o misma que "siempre se mete en líos". Cuando hay tiempo para escucharles, el mensaje que reciben es "lo que te pasa es importante y vamos a dedicarle el tiempo que sea necesario, vamos a tomárnoslo en serio y vamos a tomar decisiones pensando en lo mejor para tod@s".
    En mi experiencia ayudando a resolver conflictos, he visto que la mayoría de las veces un pequeño conflicto (como una pelea o unos insultos) sirve para juntar al grupo de mediación y, gracias a hablar, escuchar e indagar, acabar descubriendo que lo que ocurre es mucho más profundo, que lo que hay detrás es más serio (chantaje emocional, amenazas, acoso, etc...) y que cuando no tienen ese espacio de mediación, el adulto decide en función del conflicto visible más evidente y según la información que tiene a primera vista.
    ¿Qué suele ocurrir en estos casos? Que el/la culpable siempre es quien da la torta o el puñetazo y no nos enteramos de qué le llevó a hacerlo ni de cuánto le han provocado previamente. También podríamos meternos en qué le pasa a cada niño y niña a nivel personal pero de eso ya hablé en el post "¿Mal comportamiento o mala gestión de las emociones?" cuando os invitaba a ver un fragmento de la película Kirikú. Por supuesto que los niños y niñas sienten emociones que no saben gestionar y les lleva a tener conflictos pero, ¿qué hay del papel de los adultos profesionales y de los espacios dónde pasan tanto tiempo nuestros niños y niñas? Debemos escucharles, es nuestra obligación darles tiempos para que se expresen y puedan decirle a otr@s "no quiero que me trates así" con un adulto presente que le de fuerza para decirlo.
    La realidad que me llega de muchas escuelas es que l@s niñ@s están bastante abandonad@s respecto a estos temas, y los profesionales están tan perdidos como los estudiantes. Yo sé que no es fácil encontrar tiempos en unos horarios tan apretujados y llenos de asignaturas obligatorias pero apelo, una vez más, a la responsabilidad de cada profesional y de cada docente para que detecten con urgencia la necesidad de cambiar tiempo de libro de texto aburrido que entretiene a niñ@s pasiv@s adormecidos, por tiempo de escucha activa, respeto y crecimiento personal. 
     
    Como siempre, me he emocionado escuchando las aportaciones del Grupo de Mediación y viendo cómo cada niño implicado asumía su responsabilidad y reconocía su falta de respeto. Y la verdad es que me emociono cada día al ver, después de solo dos meses, cómo van brillando est@s pequeñ@s dragones y dragonas y cómo empiezan a equilibrar sus alas de la libertad y la responsabilidad mientras disfrutan de cada día "¡cómo si lo fueran a prohibir!". No tengo ninguna duda de que van a ser personas felices. ¡Qué suerte!

       

miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Mal comportamiento o mala gestión de las emociones?

     Preparando el material para dar un curso sobre cómo mejorar la convivencia en el aula y en la escuela, recordé cuánto me había ayudado a entender a ciertos niñ@s la película de "Kirikú y la Bruja", así que decidí utilizar en el curso el fragmento de la peli que más me sorprendió. Cuando la vi por primera vez, yo ya estaba realizando un profundo cambio en mi mirada hacia la infancia, pues había ido desarrollando la escucha, la empatía y la comprensión hacia l@s niñ@s, gracias a mi trabajo personal y al sistema de trabajo del colegio, sobretodo gracias a las Asambleas que hasta 6º de Primaria realizábamos al menos 2 veces a la semana. Las Asambleas no son un lugar dónde se cuenta lo que se ha hecho el fin de semana únicamente (esto se hace cuando hay tiempo que rellenar), es un momento en el que se toman decisiones importantes después de debatir temas que son del interés de l@s alumn@s ya que influyen directamente en el funcionamiento del aula y del colegio. Se habla de las normas de convivencia, se hacen propuestas, se plantean conflictos a los que se busca solución y consecuencias, etc. Para mí, como docente, ha sido el momento más importante, imprescindible y emocionante que he vivido en la escuela. 
    Además es un lugar dónde vas conociendo mejor a tus alumn@s y su evolución, ya que las emociones están siempre expuestas, y conocerles nos ayuda a entenderles y a quererles, lo que nos da posibilidades para ayudarles mejor. Pero también, es el lugar donde el adulto pasa a un segundo plano (en el caso de 5º y 6º) y participa como uno más, no como el que manda y dirige la sesión, y así se desarrolla todo entre iguales: los temas a tratar, las propuestas y las consecuencias son decididas por el grupo y aprenden a aceptarlas tod@s porque surge del diálogo y del debate entre iguales, no de la autoridad (injusta, la mayoría de las veces) de la profe que dice lo que hay que hacer.
    En las Asambleas he disfrutado de muchos momentos especiales, como al escuchar consejos dados a compañer@s para que se sintieran mejor o para resolver un conflicto, quejas por injusticias detectadas en el cole, o peticiones para que yo cambiara algo relacionado con las clases. Pero entre las situaciones que más me han emocionado están aquellas en las que l@s niñ@s se han mostrado, nos han descubierto a tod@s su interior, quiénes son, sus secretos, lo que les gusta, lo que no, lo que les hace sufrir o lo que les pone tristes, y han podido pedir perdón públicamente por haber hecho daño a un compañer@, por haber tenido comportamientos violentos y agresivos, o por haber tenido un mal día y haberla tomado con todo el mundo. 
      Yo no había visto esto jamás y no me imagino a un grupo de adultos tratándose así ¡ojalá! pero si algo he aprendido, es que nadie quiere ser malo, nadie quiere hacer daño a la gente, y mucho menos a la que tiene cerca (aunque sea a ésta a la que más dañamos porque en el fondo, es la que más nos "mueve el piso"); ninguna persona quiere ser rechazada por ser violenta y sé que nadie quiere sufrir ni pasarlo mal en su día a día. Supongo que l@s adult@s ya debemos ser responsables  como para cambiar aquello que no nos gusta de nosotr@s mism@s, no vale que digamos "yo soy así", no, debemos hacernos cargo de las consecuencias que tienen nuestros actos, pero l@s niñ@s están en el camino de conocerse, de aprender valores (algun@s solo conocen los de su casa, tal vez no son los ideales y no han conocido otros modelos para poder elegir) y aún no son responsables totales de sus comportamientos. Yo creo que no debemos hacerles pagar las consecuencias con sermones, amenazas y castigos, sino ayudarles, explicarles, guiarles, mostrarles las opciones, pero hacerlo desde el respeto y la compasión, y dejar que así vayan construyéndose.
      En "Kirikú y la bruja" hay una escena que me dio muchas respuestas y que me ayudó a mirar la violencia en l@s niñ@s con otros ojos. Aquí os la dejo, dura 5 minutos: "Conversación con el sabio"
       Cuando vi con mis alumn@s la película, una niña me dijo al terminar:
         "Carla, ya sé por qué Nino se porta así con los demás y nos hace daño. Yo creo que sufre mucho, no sé por qué pero seguro que sufre, a lo mejor le han hecho daño. Hay que ayudarle y tratarle con mucho amor".
  ¿Os imagináis lo que me costó contener los lagrimones mientras me lo decía? ¿Os imagináis un coloquio después en el que cada niñ@ hablaba de su "espina" que le hacía sufrir y tod@s escuchaban con respeto? 
    Mostrar esta película a niñ@s de cualquier edad es un regalo, además de bonita y tierna dice cosas muy sabias en un lenguaje fácil de entender.
    
    Parece que los que peor se portan, los que más daño nos hacen y los que más nos "cuestan" como docentes, en verdad son los que más nos necesitan. Sé que a veces es difícil, pero nos toca hacérselo más fácil, nos toca tratarles con más amor. 

      Desde aquí, doy las gracias a los "Ninos" que han pasado por mi vida, porque me han hecho aprender, me han hecho sonreír y porque su sufrimiento me ha ayudado a mí a entender mejor a tod@s...