domingo, 31 de marzo de 2013

Yoviendo sin miedo

    Antes de comenzar este periplo educativo, alguien me escribió en mi libreta...
"Que ser cobarde no merezca la pena y que ser valiente no salga tan caro..." Parece que las cosas funcionan así y que no hay término medio, no se es un poco valiente, se es o no se es y el que es cobarde, lo es. Creo que no es atribuible a todas la facetas de nuestra vida pero sí a ciertas situaciones concretas que te hacen colocarte en un lugar o en otro. Y yo me pregunto, ¿acaso el cobarde reconoce su cobardía? ¿o nos sentimos tod@s valientes? y ¿Qué es ser valiente? ¿ponerse delante de un tigre?, ¿atravesar una calle peligrosa de noche?, ¿dormir en una casa fantasmal?, ¿decirle a alguien la verdad?, ¿mirarte bien y saber quién eres realmente?, ¿superar tus miedos internos, mirándolos a la cara diferenciando los peligros reales de los inventados? 
   Yo me quedo con las 2 últimas preguntas y decido que sí, que soy una valiente, porque he acabado con gigantes terribles que nublaban mi juicio y al final resultaron ser muñequitos enanos que, por estar pegados a mis ojos, parecían enormes. A veces, los dichosos molinos de viento están  acoplados en otros lugares impidiendo que avancemos: en los oídos, en el corazón, entre tú y otras personas, atando una cuerda entre tus piernas, etc... y está en nosotros reconocer el miedo, pero a veces es tan aterrador y está tan disfrazado que no lo vemos jamás, porque ya nos encargamos de fabricar montones de resistencias que no nos permitan comprometernos con lo que en el fondo de nuestro corazón queremos, ¿por qué? porque a veces, ni sabemos lo que queremos y eso da todavía más miedo o porque cambiar y avanzar da mucho vértigo.

     Después de coger a esos muñequitos y metérmelos en el bolsillo pequeño del pantalón (no se iban a perder el viaje) me subí al avión con destino Boston. Siempre viene muy bien tener un primo que se llame Rafa y sea auxiliar de vuelo en Iberia porque, aunque él no vuele, ya se encarga de que haya alguien que vele por tu tranquilidad y así fue ¡Qué suerte! ¡Gracias, primo!
     He decidido alquilarme un coche porque las distancias aquí son grandes y el transporte público no me iba a ayudar demasiado; necesito ir al cole todos los días, hacer turismo, conocer bien la ciudad de Boston, visitar a Richard, el amigo de Donald y al tío de Jacobo y todo esto, hacerlo a gusto... Así que me subí en el ford focus, puse las indicaciones en el GPS, me senté sobre mi pie izquierdo (en los coches automáticos no lo necesitas para nada) y me aventuré por las calles de Massachusetts. USA tiene una cosa que me encanta, la música, y es fácil encender la radio y encontrarte con temazos...¡Vaya regalos! Mumford and Sons, el 1,2,3 de Feist, etc... y así llegué a casa de María, la mujer que me alojará estas semanas, tiene 2 hij@s que van a Sudbury y hoy me llevan con su familia a celebrar La Pascua. 

     Mañana empiezo mi visita en Sudbury Valley School, estoy deseando ver a los ciento y pico alumn@s y adultos conviviendo y organizándose. Pensar en Sudbury me hace pensar en l@s valientes; son personas muy comprometidas que confían en lo que sienten, saben lo que quieren y, en ocasiones, tienen que luchar fuertemente por ello, contra el sistema y el entorno. 
     En educación tenemos que tener muy en cuenta lo que necesitan nuestr@s alumn@s y no dejar que nada nos ciegue ni despierte nuestras inseguridades. Tenemos mucho miedo y por eso, en ocasiones nos relacionamos con l@s niñ@s desde una posición errónea, de defensa o de ataque, y ahí perdemos nuestra fuerza y nos pasamos al lado de los cobardes.

     Creo que, sin muñequitos que me cieguen, voy a ser capaz de ver la grandeza que este lugar representa y estoy más preparada para cuestionar con amor y respeto todo lo que voy a conocer estos días.

     Os iré contando, ahora os dejo que debo ir a buscar mi cesta con los huevos de Pascua que me ha traído el conejito. Desde luego, esto de ser valiente, me está costando unos cuantos euros (y abrir los ojos a las 5 de la mañana por el jet lag) pero eso es todo lo caro que me está saliendo.


miércoles, 27 de marzo de 2013

3, 2, 1... Boston

Sudbury Valley School

         En tres días cogeré un avión directo a Boston para conocer, durante dos semanas, una de las escuelas libres y democráticas que más años lleva ofreciendo a niños y niñas un espacio para que disfruten con su tiempo haciendo lo que deseen. 
          En 1968, en Framingham, Massachusetts, Hanna y Daniel Greenberg fundaron Sudbury Valley School, un lugar donde los estudiantes, de entre 4 y 19 años aproximadamente, disfrutan de los dos valores principales de una escuela democrática: 
  • La libre asignación del tiempo: cada un@ elige qué hacer cuando está ahí. Hay determinadas actividades con las que un@ se compromete, que tienen que ver con el cuidado de la convivencia o por pedir algún tipo de taller, pero no hay horarios establecidos para clases ni obligatoriedad de adquirir aprendizajes concretos que llegan impuestos desde un curriculum. Por lo tanto, no hay pruebas evaluativas, notas ni diplomas. 
  • Las decisiones se toman de forma democrática: una persona, un voto. Estas decisiones tienen que ver con todo lo relacionado con la escuela, incluso la contratación o despido de los adultos acompañantes (o staff members). 
      Yo ya he tenido la suerte de conocer "De Kampajne", el Sudbury Valley School de Amersfoort en los Países Bajos y he podido percibir el respeto y el lugar tan importante que se les da a los niños y niñas, pero me siento muy afortunada por poder conocer la cuna de este movimiento de escuelas y confirmar con mi observación, que las personas que terminan su escolaridad salen de ahí con una preparación, tanto personal como académica, que convencería a cualquiera para acabar con gran parte de las prácticas del sistema educativo actual (actual y de toda la vida, vaya); este sitema que sienta a l@s niñ@s, les alecciona, les examina, presiona, castiga, refuerza positivamente para desactivar los refuerzos negativos que arrastra de malas experiencias, etc... y donde siempre es el maestro o la maestra el que, desde fuera, y bajo la presión de un claustro, una inspección o todo un sistema, va modelando a su gusto (en ocasiones, con un gusto exquisito pero no deja de ser el suyo) a un montón de niños y niñas que pasan por sus manos. 
     Hay muy pocos espacios educativos a día de hoy que permitan que cada niñ@ descubra lo que tiene dentro, desarrolle sus capacidades sin sentirse raro o diferente por no ir al ritmo de la media y aprenda lo que le interese. Y es una pena porque, aunque algun@s piensen que los niños, niñas y adolescentes no tienen derecho a elegir qué aprender y qué hacer, yo empiezo a pensar que es la mejor idea del mundo porque en Sudbury Valley School, el que aprende algo, lo aprende con ganas, con interés, lo aprende de verdad porque tiene sentido ya que es el momento en que ha necesitado aprenderlo.
        ¿Por qué dará más seguridad tener generaciones y generaciones de estudiantes formados de la misma manera, que generar diversidad? ¿Por qué dará más seguridad tener a 25 ó 30 estudiantes sentados haciendo lo mismo, de igual forma, que permitirles SER y enriquecernos todos? ¿Es el desorden de la clase lo que asusta? ¿Es el miedo a que nos superen? 
Raro, ¿no? Creo que es vértigo, debe ser que da vértigo generar esos espacios donde todos valemos lo mismo (grandes y pequeños) y nuestros saberes e inquietudes son compartidos pero no comparados ni evaluados.
         Pues todos estos aprendices, exploradores, juguetones, sabios ocultos que son nuestr@s alumn@s, se merecen que superemos el vértigo, las inseguridades y el miedo y  que vayamos dejándoles hacer... Seguro que es impresionante el resultado con el que nos vamos a encontrar.

      Yo, de momento, voy a ir aprendiendo cómo lo consiguen en el Sudbury Valley School original y traeré para España todo lo que pueda ayudar a que vayamos acercándonos a una educación libre y democrática. Durante mi estancia iré retransmitiendo mi experiencia y mis reflexiones mientras voy yo, viendo escuelas más allá del Atlántico.




domingo, 10 de marzo de 2013

Mariposas de Tximeleta


   
  
"El tren con destino Pamplona efectuará su salida por la vía..." Me encanta viajar en tren sola y me encanta llegar a una ciudad nueva para mí y sentir que todo se organiza de forma automática para que todo me salga bien. ¿Aquí todo el mundo es encantador o soy yo que con esta actitud de fascinación lo recibo todo teñido de mucha emoción? Como dice siempre Toño, al final todo es "cuestión de actitud" y ¡qué razón tiene!

"Un bombero entre mariposas" me recibe al llegar. Este bombero es Santi, un papá de la Escuela Tximeleta que escribió un libro con este título después de ejercer de maestro allí durante unos años. Cuenta sus preciosas experiencias como acompañante y maestro en esta Escuela Libre a la que lleva a sus hijas, que está en un pueblo a las afueras de Pamplona.
    
      Encuentro que el libro es una delicia de lectura, recomendable para cualquiera que esté próximo a la educación y además, cuenta con el prólogo del mismísimo Francesco Tonucci (Frato).

        Tximeleta, que significa mariposa en lengua vasca, es un proyecto educativo que partió de un grupo de familias hace ya 10 años con la intención de ofrecer una educación respetuosa y democrática a sus hijos e hijas. A día de hoy siguen siendo las familias las que hacen posible que se mantenga este precioso proyecto, pero esto se consigue también gracias al Equipo Educativo que está a diario facilitando y acompañando el revoloteo de las 33 mariposas, de entre 3 y 12 años, que forman Tximeleta. Asier, Leyre, Alberto, Garoa y Maider forman este potente equipo y gracias a ell@s, yo he podido observar de cerca cómo actúan, cómo aprenden, cómo disfrutan los niños y niñas y también cómo piensan, cómo toman decisiones, cómo resuelven situaciones y cómo cuidan a l@s niñ@s estos 5 adultos que creen en lo que hacen y que han compartido conmigo sus reflexiones e inquietudes acerca de educación y acompañamiento respetuoso. 

       A las 9 am. del lunes me subo en la camioneta con Leyre al volante y en dos paradas, recogemos a l@s niñ@s que van en la camioneta blanca. Hoy, la roja la lleva otro profe y así, se facilita la llegada de tod@s los que viven lejos de la escuela.
        Tximeleta es una casa de piedra, con 3 pisos y espacios amplios en los que se ubican diferentes materiales para jugar y para aprender diferentes materias (sala polivalente: de música y movimiento o de asambleas, sala de juego simbólico, taller de madera, taller de artística, sala de colchonetas, la cocina, "txokos" de lengua y mates, etc...). En este proyecto, son l@s niñ@s quienes organizan sus horarios y eligen qué hacer con su tiempo la mayor parte de los días, pero hay una intención clara de que salgan de la escuela con los contenidos propios del curriculum de Primaria adquiridos, para facilitar su adaptación al Centro en el que decidan estudiar la Educación Secundaria. Después de unos meses de adaptación al nuevo curso, los niños y niñas se organizan en grupos según amistades e intereses comunes y elaboran sus horarios para recibir clases específicas, hacer talleres o proyectos que han propuesto y para elegir sus tiempos libres. Ell@s adquieren cierto compromiso con su grupo pero no siempre respetan el horario. 

          Hoy, el grupo de "Delfines" está en un taller y falta alguien...de pronto, toc toc toc, se abre la puerta y aparece un niño de 5 ó 6 años disfrazado con gorro y escudo. "Vengo a deciros que no quiero quedarme, hoy me quedo arriba jugando con otros niños"... Se lo dice a los "delfines", no está pidiendo permiso a la maestra, sino a sus iguales. "Bueno, vale por hoy, pero ya llevas así dos días, el próximo te quedas con tu grupo" le responde una niña de 5 años y él, satisfecho y de acuerdo con lo que le han dicho, se sube para seguir poniendo en práctica su deseo de ese momento.
         Paso la mañana recorriendo la casa, conociendo los espacios y sus materiales, observando, todavía desde cierta distancia, cómo funciona esta escuela en la que se respira un ambiente cálido, de  respeto y confianza.
         A las 13 horas, se recoge y se limpia entre tod@s (cada un@ sabe qué espacio le toca) y después 3 adultos en 3 lugares diferentes, leen cuentos e historias para distintas edades y cada niñ@ elige a cuál ir. Después, la casa de una familia vecina se convierte en comedor y allí se quedan a comer algun@s niñ@s. A las 15.30 las furgonetas se llenan y salen camino de Iruña (Pamplona).  
           
"Control de acceso"
          Otro día es Garoa la que me lleva en su coche, vamos pasando por campos verdes, pueblos y viñedos, a ritmo de "Rolling in the river" en la versión de Tina (tantas veces bailada con mis amigotas). Al llegar, ya están tod@s preparándose para el "corro", donde se saludan y se dan avisos, si los hay. Luego, cada cual a su lugar, al taller en el que le toque o quiera estar. Y así he ido viendo cómo se han organizado a lo largo de la semana: unas preparan en el taller de almuerzo creppes y batidos para toda la escuela, otros se fabrican varitas mágicas o walkie-talkies con madera, un grupo hace coches teledirigidos, otro usa el conocido material Montessori para avanzar con mates y lengua, otro está con su investigación de minerales; los mayores practican las canciones de su grupo de música, otros escuchan a un papá que ha venido a contar cosas, los "chikis" han salido de paseo por el campo y un grupo tiene taller de arcilla al estilo "Educación Creadora". También hay alguno que, por su cuenta, ha elaborado un sistema ficticio de acceso a los espacios usando huella dactilar, códigos personales o tarjetas con banda magnética que él va elaborando. ¡Impresionante!
       Y yo me pregunto, ¿A dónde van todas estas genialidades y los deseos reales de los niños y niñas cuando no pueden ser satisfechos, cuando no tienen un espacio, un tiempo, un adulto cerca que se asegure de que puedan disfrutar como se merecen? ¿Quedarán en algún espacio desconocido del cerebro? ¿Irán a algún lugar llamado "La isla de los sueños perdidos"? o ¿Se transformarán en dolores de tripa, miedos nocturnos, puñetazos y patadas?  Porque a algún lugar deben de ir, ya que es totalmente imposible que consigamos hacerlos desaparecer de las cabezas de sus dueños por mucho que nos empeñemos en tenerles callad@s y quiet@s.

     Mientras los deseos de much@s niñ@s del mundo planean un boicot contra el sistema para que toda la educación sea respetuosa y l@s niñ@s se sientan escuchad@s y correctamente atendid@s, en Tximeleta, el que quiere sale al precioso jardín de vistas envidiables a jugar y a disfrutar en las estructuras y en el arenero con las palas, rastrillos y manguera. Alguno juega más bien a "ser arena", porque lo que tod@s conocemos como hacer "la croqueta" con la arena de la playa, en Tximeleta, para alguno, es una costumbre. Menos mal que los adultos saben ver la importancia del disfrute de esos momentos y, en lugar de llamar la atención o regañar por mojarse y mancharse, les esperan con ropita limpia para que vuelvan a casa secos y felices. Porque eso es Tximeleta, un lugar donde les importa lo que les pasa a l@s niñ@s y lo que sienten, y donde saben que ésta es una de las maneras de educar a personas libres que ayuden en el futuro (y en el presente) a construir una sociedad mejor.

     Gracias, tximeleteros y tximeleteras, niños, niñas, profes y familias, por dejarme conoceros desde dentro y por compartir tanto conmigo. Me he sentido cuidada, respetada, escuchada y, como ya os dije, me vuelvo "fascinada". Siento que tod@s aprendemos más cuando nos hacemos preguntas y nos cuestionamos a nosotros mismos, que cuando obtenemos respuestas desde fuera. Y ahí estáis vosotr@s, reflexionando y buscando, creciendo cada día sin ser del todo conscientes de que a ratos, sois luciérnagas además de mariposas. Os deseo mucha suerte y espero que muchos niños y niñas puedan ser tximeletas durante unos cuantos años y con su aleteo, llenen su mundo y el nuestro de color.


- Txoko: palabra vasca que significa rincón o sitio pequeño.
- El dinero que se recauda comprando el libro "Un bombero entre mariposas" es para la Escuela y podéis encontrarlo aquí. 





miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Mal comportamiento o mala gestión de las emociones?

     Preparando el material para dar un curso sobre cómo mejorar la convivencia en el aula y en la escuela, recordé cuánto me había ayudado a entender a ciertos niñ@s la película de "Kirikú y la Bruja", así que decidí utilizar en el curso el fragmento de la peli que más me sorprendió. Cuando la vi por primera vez, yo ya estaba realizando un profundo cambio en mi mirada hacia la infancia, pues había ido desarrollando la escucha, la empatía y la comprensión hacia l@s niñ@s, gracias a mi trabajo personal y al sistema de trabajo del colegio, sobretodo gracias a las Asambleas que hasta 6º de Primaria realizábamos al menos 2 veces a la semana. Las Asambleas no son un lugar dónde se cuenta lo que se ha hecho el fin de semana únicamente (esto se hace cuando hay tiempo que rellenar), es un momento en el que se toman decisiones importantes después de debatir temas que son del interés de l@s alumn@s ya que influyen directamente en el funcionamiento del aula y del colegio. Se habla de las normas de convivencia, se hacen propuestas, se plantean conflictos a los que se busca solución y consecuencias, etc. Para mí, como docente, ha sido el momento más importante, imprescindible y emocionante que he vivido en la escuela. 
    Además es un lugar dónde vas conociendo mejor a tus alumn@s y su evolución, ya que las emociones están siempre expuestas, y conocerles nos ayuda a entenderles y a quererles, lo que nos da posibilidades para ayudarles mejor. Pero también, es el lugar donde el adulto pasa a un segundo plano (en el caso de 5º y 6º) y participa como uno más, no como el que manda y dirige la sesión, y así se desarrolla todo entre iguales: los temas a tratar, las propuestas y las consecuencias son decididas por el grupo y aprenden a aceptarlas tod@s porque surge del diálogo y del debate entre iguales, no de la autoridad (injusta, la mayoría de las veces) de la profe que dice lo que hay que hacer.
    En las Asambleas he disfrutado de muchos momentos especiales, como al escuchar consejos dados a compañer@s para que se sintieran mejor o para resolver un conflicto, quejas por injusticias detectadas en el cole, o peticiones para que yo cambiara algo relacionado con las clases. Pero entre las situaciones que más me han emocionado están aquellas en las que l@s niñ@s se han mostrado, nos han descubierto a tod@s su interior, quiénes son, sus secretos, lo que les gusta, lo que no, lo que les hace sufrir o lo que les pone tristes, y han podido pedir perdón públicamente por haber hecho daño a un compañer@, por haber tenido comportamientos violentos y agresivos, o por haber tenido un mal día y haberla tomado con todo el mundo. 
      Yo no había visto esto jamás y no me imagino a un grupo de adultos tratándose así ¡ojalá! pero si algo he aprendido, es que nadie quiere ser malo, nadie quiere hacer daño a la gente, y mucho menos a la que tiene cerca (aunque sea a ésta a la que más dañamos porque en el fondo, es la que más nos "mueve el piso"); ninguna persona quiere ser rechazada por ser violenta y sé que nadie quiere sufrir ni pasarlo mal en su día a día. Supongo que l@s adult@s ya debemos ser responsables  como para cambiar aquello que no nos gusta de nosotr@s mism@s, no vale que digamos "yo soy así", no, debemos hacernos cargo de las consecuencias que tienen nuestros actos, pero l@s niñ@s están en el camino de conocerse, de aprender valores (algun@s solo conocen los de su casa, tal vez no son los ideales y no han conocido otros modelos para poder elegir) y aún no son responsables totales de sus comportamientos. Yo creo que no debemos hacerles pagar las consecuencias con sermones, amenazas y castigos, sino ayudarles, explicarles, guiarles, mostrarles las opciones, pero hacerlo desde el respeto y la compasión, y dejar que así vayan construyéndose.
      En "Kirikú y la bruja" hay una escena que me dio muchas respuestas y que me ayudó a mirar la violencia en l@s niñ@s con otros ojos. Aquí os la dejo, dura 5 minutos: "Conversación con el sabio"
       Cuando vi con mis alumn@s la película, una niña me dijo al terminar:
         "Carla, ya sé por qué Nino se porta así con los demás y nos hace daño. Yo creo que sufre mucho, no sé por qué pero seguro que sufre, a lo mejor le han hecho daño. Hay que ayudarle y tratarle con mucho amor".
  ¿Os imagináis lo que me costó contener los lagrimones mientras me lo decía? ¿Os imagináis un coloquio después en el que cada niñ@ hablaba de su "espina" que le hacía sufrir y tod@s escuchaban con respeto? 
    Mostrar esta película a niñ@s de cualquier edad es un regalo, además de bonita y tierna dice cosas muy sabias en un lenguaje fácil de entender.
    
    Parece que los que peor se portan, los que más daño nos hacen y los que más nos "cuestan" como docentes, en verdad son los que más nos necesitan. Sé que a veces es difícil, pero nos toca hacérselo más fácil, nos toca tratarles con más amor. 

      Desde aquí, doy las gracias a los "Ninos" que han pasado por mi vida, porque me han hecho aprender, me han hecho sonreír y porque su sufrimiento me ha ayudado a mí a entender mejor a tod@s...




domingo, 27 de enero de 2013

"Pensando en los demás"


- "¿Qué es lo más importante para este año?¿Para qué estamos aquí?"
 - "¡Para ser felices!" 
      Así comienza el curso un tutor de una escuela de Primaria de Japón. Eso es lo que les dice a sus alumnos y alumnas el primer día de clase, y se lo cree tanto, que hace todo lo posible para que eso se cumpla. "Sólo tenemos una vida y tenemos que vivirla con alegría. Eso se consigue aprendiendo a pensar en los demás". El profesor Kanamori sabe lo que necesitan los niños y niñas y les facilita un espacio y unos tiempos donde poder expresar sus sentimientos y compartir sus emociones. No es sólo un momento puntual en el que se permite eso, sino que el ambiente del aula, el trato y la ausencia de juicio crean las circunstancias ideales para que la convivencia en el aula sea respetuosa y genere confianza. El señor Kanamori quiere una clase en la que los alumnos y alumnas creen fuertes vínculos entre ellos. 
         En el documental que os invito a ver, podéis ver en 50 minutos cómo el profesor Toshiro Kanamori genera ese espacio de confianza en el aula de 4ºA de la que es tutor por segundo año consecutivo. Podéis verlo aquí: "Pensando en los demás" (you can also whatch the English version).
       En la clase tienen ya adquiridos determinados rituales que ayudan a crear un clima especial. Por ejemplo, cada mañana se leen cartas escritas por varios/as alumnos/as en las que cuentan cómo se sienten o lo que piensan acerca de algo. Dichas cartas suelen generar opiniones, debate o comentarios entre el resto de compañeros/as y ahí se genera un espacio muy interesante para conocerse mejor. El día en que uno de los temas de las cartas toca los corazones (cuando muere un ser querido, por ejemplo), se crea un clima de solidaridad y el que lo necesita, expresa sus emociones ya vayan éstas acompañadas de llanto, risa, enfado, etc. 

       Los niños/as son personas, tienen sentimientos que en ocasiones les confunden más que a los adultos, sea porque llevan menos tiempo familiarizados con ellos, sea porque nunca antes los habían sentido, o porque nadie les ha ayudado a identificarlos y colocarlos. Son vulnerables, mucho, pero también son unos artistas en esconder sus miedos y sus sufrimientos y, por lo que yo he podido ver, si no se les ayuda invitándoles a compartir lo que les pasa y asegurándoles que lo que sienten es lícito y respetable, esas emociones se pueden quedar atrapadas; la molestia que eso genera puede provocar comportamientos indeseados  (de inseguridad, rabia, agresividad, etc) que no hacen bien a nadie. Aunque no nos guste lo que esté sintiendo un niño/a, o lo juzguemos de inapropiado, hay que aceptarlo porque es una realidad, es un logro que lo exprese y sólo lo hará si se siente escuchado con amor y sabe que no habrá juicio. Si ese sentimiento le hace daño a él mismo o a otros/as, ya estamos ahí para ayudarle, pero sin decirle qué es lo que debería estar sintiendo, porque eso puede generar sentimiento de culpa y así jamás le ayudaríamos. "Tienes derecho a sentir lo que sientes" (esto vale para cualquier persona de cualquier edad y es la base de una Escucha Activa).
    "Cuando la gente te escucha de verdad, vive para siempre en tu corazón", 
dice el maestro japonés.

      El señor Kanamori no sólo es un buen profesor por trabajar así la parte de la convivencia sino que también les hace aprender explicándoles los contenidos de una forma diferente y les invita a realizar proyectos donde desarrollan su imaginación y sus habilidades.
     El regalo más grande que a mi parecer les hace el profesor Kanamori a sus alumnos/as, es que les invita a experimentar la alegría de vivir, ¿lo habéis leído bien? ¿qué es alegría de vivir? ¿cómo se enseña eso?  Para transmitir eso uno debe creérselo y sentir en su vida esa alegría. Desgraciadamente hay mucha gente en el mundo de la docencia que no se siente así, es más, hay mucha gente a la que le cuesta disfrutar de su vida y mucha gente que, por tener sus emociones atrapadas, trata a sus alumnos/as con poco amor y mucho juicio. Nosotros/as somos los docentes y es nuestra responsabilidad conocer y cuidar a las personas que están bajo nuestra atención y cuidado (para mí es mucho más importante esto que asegurarme de que memorizan todos los contenidos).
       Creo que se puede ser buen docente sin sentir que la alegría te sale por los poros a diario,  no hace falta ser "la alegría de la huerta" para generar un espacio tan acogedor como el que genera este profesor pero sí que debemos mirar nuestras emociones como docentes, colocarlas y no permitir que jamás salpiquen a nuestros alumnos/as y mucho menos hacerles sentir responsables de eso que es nuestro.   
         Hay otros momentos fascinantes en el reportaje, como cuando les parece injusto el castigo que pone el profesor al niño que molestaba en clase, o cuando reciben a un compañero que acaba de perder a su padre, o el momento en que escriben un mensaje en la arena. También podemos ver momentos de cuidados especiales que tiene el profe atendiendo a los que lo necesitan o fortaleciendo el sentimiento de grupo. Esto también se aprecia cuando se despiden haciendo un corro en el aula. 

     Me parece una delicia de documental del que se puede aprender mucho. Yo sé que es posible trabajar así porque mis años como tutora han sido así de deliciosos y porque mis alumnos y alumnas me han ayudado a mí a experimentar la alegría de vivir, compartiendo risas, llantos, enfados, etc...y porque gracias a ellos/as yo he ido aprendiendo poco a poco a escucharles con amor. Aprendí a crear hábitos y rituales que facilitaban la escucha sin juicio y donde todos/as éramos capaces de realizar y recibir tanto críticas como cumplidos con respeto. Observarles en las asambleas y otros espacios de charla y resolución de conflictos, me hizo ver en los/as niños/as una sabiduría que nunca imaginé que tenían y que nunca habría descubierto si no hubiera aprendido a mirarles con amor y a escucharles sin juicio.  

     Después de ver el vídeo, y como ya he comentado en otra ocasión, me parece muy injusto que la educación que reciba un grupo de alumnos y alumnas dependa del maestro o maestra que le toque y no haya una garantía de que dicha educación sea de calidad, independientemente del docente. Además, esta organización de maestra/o por aula genera un vínculo tan fuerte que la influencia que reciben los/as niños/as es inevitable, sea ésta positiva o negativa. Vemos que el señor Kanamori ejerce una influencia positiva ya que transmite valores respetuosos y de cuidado a los demás. Yo quiero pensar que mi influencia también ha sido positiva sobre mis alumnos/as porque he trabajado en una línea similar pero, ¿no es muy arriesgado?¿no os parece una apuesta muy fuerte dejar a vuestros/as hijos/as bajo la influencia de una sola persona con la que establecen vínculos casi incondicionales y con la que pasan muchas horas? 

    Por eso estoy totalmente convencida de que una escuela libre (democrática) en la que los niños y niñas van descubriendo y aprendiendo a su ritmo, en la que se generan espacios de debate y de toma de decisiones, en la que hay varias personas adultas que acompañan pero no dirigen, garantiza la calidad que debe tener la educación en la que yo creo; invitando siempre a generar momentos en los que todos/as podamos abrir nuestros corazones y demos pistas de cómo estamos o qué necesitamos. Esto ayudaría a convivir de forma respetuosa y a sentir esa necesaria alegría de vivir. Si además la educación fuera acompañada de un apoyo social y gubernamental, como es el caso de Japón o Finlandia, todo sería mucho más fácil. “En Japón, el único profesional que no precisa reverenciar al emperador es el profesor pues, según los japoneses, en una tierra donde no hay profesores, no puede haber emperadores".   

   Disfrutad del documental hasta el último minuto porque ahí cobra todo mucho más sentido, y no os olvidéis de comentar y compartir vuestras opiniones y experiencias.

     

 
    



    

lunes, 21 de enero de 2013

ApS: Aprendizaje y Servicio Solidario


    Cuando una está investigando sobre un tema concreto, se encuentra con un montón de cosas nuevas pero no se sabe muy bien por qué, de pronto una de esas cosas resalta sobre las demás y se torna especialmente interesante. Puede ser por el nombre misterioso o atractivo, puede ser por cómo lo aconseja quien habla de ello, o simplemente porque cuando lo tecleas en google, encuentras fácilmente lo que buscas.
      Así descubrí yo el ApS, el Aprendizaje y Servicio, escribí a Roser Batlle, una pionera en el tema, y me invitó al V Encuentro para la promoción del ApS, que se realizaba en Barcelona. Hay mucha gente poniendo en práctica el ApS en espacios educativos y/o sociales y es que está claro que solo puede tener resultados positivos. Seguro que muchos y muchas de vosotras ya realizáis ApS o lo habéis realizado alguna vez.
      Lo que me quedó claro en el encuentro de Barcelona, gracias a la estupenda ponencia de Josep Maria Puig, al grupo de trabajo en el que participé, a la visita a centros específicos que realizan ApS y a conversaciones con personas que llevan tiempo en esto, es que el Aprendizaje-Servicio consiste en hacer que nuestros/as alumnos/as (en el caso de docentes) presten un servicio a la comunidad y se enriquezcan con todos los aprendizajes que esto supone (porque detrás de cada ApS hay un proyecto detalladamente elaborado).
         Ya en Madrid, y continuando con la fortuna que me acompaña en cada paso que doy este año, es Pedro Uruñuela (otro pionero en este tema que lleva mucho años en educación) el que me introduce en el grupo promotor de Madrid, donde coincido con gente de Fundación Tomillo que organiza una formación de ApS para profesores de la Universidad Rey Juan Carlos de Mostoles. La alegría fue doble: por un lado, saber que profesores/as de universidad están interesados/as en realizar ApS en sus clases, y por otro lado la alegría y la suerte de poder participar yo en este curso de formación. El Centro Abierto Tomillo, desde su “Casa de la Educación” con Bárbara Muñoz, Ana Aguilar y María Montero, ofrece esta formación para que cualquiera tenga más herramientas para poder realizar proyectos de ApS en cualquier ambiente educativo. ¡Muchas gracias, chicas!

           Ahora ya puedo explicar mejor en qué consiste el Aprendizaje y Servicio:
     “El aprendizaje- servicio es una propuesta educativa   que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un único proyecto bien articulado en el que los participantes aprenden, a la vez que trabajan en necesidades reales del entorno, con la finalidad de mejorarlo.”
     Llevado a la práctica sería algo así: los alumnos/as o el docente detectan una necesidad en las personas o en el medio ambiente del entorno inmediato (mejor que esté próximo), se estudia en el aula todo lo relacionado con dicha necesidad (contenidos específicos, habilidades sociales y manuales, etc..), se estudia y se prepara el servicio a realizar, se buscan socios en otras entidades sociales que colaboren en dar formación a los alumnos/as o en la prestación del servicio, se pone en práctica dicho servicio (un solo día, o mejor de forma continuada durante un tiempo) y se reflexiona sobre la experiencia.

         Existen ejemplos concretos de experiencias que ya se están realizando:
  • En el proyecto Haz que todos lo podamos celebrar, los chicos y chicas organizan en el barrio una campaña de recogida de alimentos destinados a la población que padece hambre. Los estudiantes aprenden contenidos curriculares sobre la alimentación, la pobreza en el mundo, la exclusión social, y también mejoran su solidaridad y su capacidad para trabajar en equipo.
  • En el proyecto Conecta joven, jóvenes de institutos mejoran sus conocimientos técnicos y sus habilidades sociales para poder enseñar informática elemental a personas adultas que nunca han utilizado el ordenador, contribuyendo de esta manera a superar la brecha digital. (www.conectajoven.net)
  • En el proyecto Cuidemos a nuestros abuelos, alumnado de Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (CFGM) diseña y ofrece un taller de "Atención domiciliaria al anciano dependiente" a personas recién llegadas a nuestro país que buscan su primer trabajo. Aprenden y repasan previamente los contenidos y procedimientos aprendidos en sus estudios profesionales, habilidades en la comunicación y relación con los adultos, estrategias didácticas para enseñar a otros, etc.
  • En el proyecto Donación de sangre, grupos de chicos y chicas organizan su propia campaña de donación de sangre entre el vecindario con la finalidad de conseguir más donantes y paliar el déficit que hay. Adquieren conocimientos sobre la sangre y la necesidad de donación, así como habilidades organizativas, técnicas de comunicación para la difusión de mensajes, etc.
  • En Compartimos derechos, alumnado de 3º de ESO, en la asignatura de educación para la ciudadanía, divulga los Derechos Humanos entre las escuelas de Primaria del barrio después de una investigación sobre ellos a través de las entidades sociales locales.
  • En el proyecto Adopta un río, los niños, niñas y adolescentes se comprometen a proteger y conservar un tramo de un río, una balsa o un canal. De esta manera, profundizan y aplican conocimientos sobre el medio natural, al mismo tiempo que se sensibilizan respecto a su fragilidad, sensibilizan a los demás y se esfuerzan en frenar la degradación.
  • En mi visita a Barcelona conocí otro proyecto en Terrasa en el que alumnos y alumnas de Transición a la Vida Adulta de un Colegio de Educación Especial, acudían todos los jueves a un Centro de ancianos con Alzheimer y les ayudaban en diversas tareas como ir al supermercado para hacerles la compra a partir de una lista o descargar las bolsas pesadas de la compra y colocarlas en sus cocinas.
       Así podría seguir con una lista de ejemplos interesantísimos pero os invito a bucear en las páginas de la Fundación Zerbikas o de la Red Española de ApS donde encontraréis más ejemplos y vídeos que os ayudarán a entenderlo. (Podéis verlos en la Videoteca de Zerbikas).
      
Cartel del Grupo de Mediación
       Entre los proyectos de Aprendizaje y Servicio que yo he realizado, sin saber que podía llamarse así, está el de Grupo de Mediación, formado por 4 niños y 4 niñas de 6º de Primaria para mejorar la convivencia del Centro, ayudando a resolver conflictos a cualquiera que lo necesitara (niño/a-niño/a, alumnos/as-profe). Este grupo fue elegido por sus compañeros y compañeras, después de hablar en varias asambleas sobre las funciones de un/a mediador/a y presentar sus razones para querer formar parte del Grupo. Después recibieron una formación impartida por un psicólogo, padre del colegio, crearon un logo y un cartel, y ejercieron como Grupo de Mediación durante todo el curso como jamás habría imaginado que podían hacerlo chicos y chicas de esta edad. 

    Seguramente muchos/as de vosotros/as habéis realizado ya algún proyecto de ApS sin saber que eso tenía un nombre. El hecho de realizar actividades en esta línea es algo muy positivo, a mi parecer, y aporta mucho a los alumnos/as que lo realizan. Existen actividades relacionadas con el voluntariado, con ayudar a los demás o con mejorar el medio ambiente pero el ApS es la manera de mezclar de forma óptima el aprendizaje y el servicio en un proyecto elaborado con una intención muy concreta.

     Cuando oí hablar de esto no tenía ninguna duda de lo beneficioso que resulta trabajar así, tanto para los estudiantes como para los docentes, no necesité ninguna justificación ni datos concretos que me mostraran resultados positivos ya que lo vi como una actividad que empodera a los estudiantes al realizar algo con mucho sentido, elegido por ellos/as y que supone una responsabilidad importante, y eso es lo que les hace sentirse bien, a la vez que aprenden. Aún así, la experiencia está demostrando que los resultados son extraordinarios; crece la motivación de los estudiantes, así como su autoestima, cuando hacen algo para otras personas, cuando se ponen en el lugar del profe y se sienten respetados/as, cuando ayudan a que personas de otros lugares estén mejor y cuando elaboran un proyecto que tiene un resultado tan positivo, porque no hay ninguna experiencia de ApS que, bien planteada y organizada, no haya resultado exitosa. Podéis escuchar algunos testimonios en la videoteca antes comentada.

     La verdad es que no entiendo la educación de otra manera que no sea partiendo de un profundo respeto hacia todas las personas implicadas y el ApS es un ejemplo de esto. De momento he conocido experiencias puntuales, vinculadas a asignaturas concretas y con la intención de adquirir contenidos específicos de esa materia, pero ¿Os imagináis cómo sería toda la educación basada en proyectos de ApS? ¿Imagináis que los estudiantes organizaran proyectos basados en necesidades sociales reales, prestaran un servicio solidario y que de ahí surgieran todos los aprendizajes que necesitan para su vida?
     Después de esto, creo que una escuela democrática, donde los/as niños/as organicen su tiempo como deseen y donde se les facilite realizar proyectos de Aprendizaje y Servicio, se acercaría mucho a una escuela ideal ¿no os parece?
Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza,
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción y de cambio,
no expropian las cuevas de Alí Babá.
Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos.
Y al fin y al cabo,
actuar sobre la realidad y cambiarla,
aunque sea un poquito,
es la única manera de probar
que la realidad es transformable.
   (Eduardo Galeano)
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Bibliografía:
- He utilizado información proporcionada por Fundación Tomillo tomada de las Guías prácticas de la Fundación Zerbikas que podéis encontrar pinchando aquí.
- Las definiciones, las experiencias y la cita de Galeano han sido directamente extraídas de dichas guías.  
- El Blog de Roser Batlle, donde leí por primera vez sobre el ApS, podéis visitarlo aquí.



martes, 8 de enero de 2013

Un 8 de Enero diferente

"Están yoviendo escuelas y más"
      Hoy volvéis al cole profes, maestros y maestras, comienza la segunda parte de este curso, segundo trimestre de unos trimestres que cada año pasan más rápido, aunque hagamos lo posible para que el ritmo del aula sea cada día más calmado. ¿Será la edad la que me causa esa sensación de velocidad? ¿Será por los años que una está en un mismo trabajo? o ¿Serán los minutos que cada vez duran menos? 
     Vosotros/as os reencontráis con vuestros alumnos y alumnas que llegan con ganas (la mayoría) de compartir sus vacaciones, mostrar sus regalos de Reyes y, tal vez, con ganas también de volver a la rutina conocida y disfrutar con sus compis y sus profes; los que tienen la suerte de disfrutar ¡claro! los que no, son capaces de aprovechar cualquier resquicio de diversión o de bienestar y consiguen, al menos, no estar mal, que ya es bastante. Lo preocupante de esto es que los niños y niñas, se supone, aprenden en la escuela lo que necesitan para la vida y a la vez van aprendiendo cómo es la vida y, en lugar de mostrarles lo más bello de ella: la alegría, la generosidad, la belleza, los buenos tratos, el respeto, etc...y ayudarles a descubrir las herramientas que pueden necesitar, y a desarrollar las cualidades que ya poseen, se acostumbran a otro tipo de "vida", les acostumbramos a otro tipo de vida en la que deben hacer todo lo que se les dice, tal y como se les dice que lo hagan y, en lugar de premiar el error, para que aprendan de él y se superen, les castigamos  por errar, con suspensos, sin recreos y con consecuencias sin sentido, y humillantes la mayoría de las veces.
    Después de esto, de decirle a alguien durante muchos años qué hacer, cómo hacerlo, qué decir y cuándo decirlo, se le deja ir y se espera de ese alguien que sepa qué hacer, cómo hacerlo, qué decir y cuándo decirlo, y si se equivoca, tal vez sepa reconfortarse (o tenga cerca a la gente adecuada que le ayude) o tal vez haga lo que sabe hacer: castigarse, lamentarse y humillarse. Lo que parece que ya vamos reconociendo es que la mayoría de las veces no lo hacemos con nosotros/as mismos/as, sino que se lo hacemos a los demás y cuando cometemos errores, castigamos y humillamos a los que nos rodean ¿No os suena?
 
      Por primera vez en varios años, este 8 de Enero yo no vuelvo al aula, vuelvo a mi plan, a mi proyecto para conocer otras formas de educación, otra forma de escuela que ofrezca a la infancia y al mundo la manera de desarrollarse y aprender de forma respetuosa con uno mismo, con cada persona, con la naturaleza, descubriendo lo que cada cual necesita para eso, sin que le venga impuesto desde fuera. Echo de menos llegar a mi aula vacía, subir las persianas, esperar a que sea la hora y recibir a cada uno y cada una en la puerta para saludarle y darle los buenos días de forma individual (esto lo hacía cada día del curso y es una de las cosas más bonitas y que más les gustaba). Echo de menos las asambleas que hacíamos dos veces por semana (o más, si era necesario) donde se hablaba de sus inquietudes, de sus miedos, de sus alegrías, donde se resolvían los conflictos y donde se pedían disculpas públicamente o se regalaban cumplidos y felicitaciones. Ser testigo de estas situaciones con niños y niñas de 5º y 6º de Primaria es un regalo y es la muestra de que poseen una riqueza y sabiduría inmensa, pero necesitan que los profesionales les facilitemos momentos y lugares adecuados para expresarse. Os aseguro que merece la pena dedicar tiempo a esos momentos aunque eso suponga recortar de otras asignaturas. 
    
      Estos días me han llegado un par de vídeos que me gustaría compartir con vosotros/as. Están en inglés pero se entienden muy bien. Uno de ellos es una muestra del colegio Sudbury de Israel en el que hablan algunos/as alumnos/as sobre su paso por él. Lo podéis ver pinchando aquí. Cuentan cómo fue su llegada y cómo pasaron su primer año "dando vueltas por ahí", "saltando con un juego" o "jugando todo el día al ordenador". Esta actitud, que a mucha gente puede parecer una pérdida tiempo, es la reacción normal cuando se pasa de un control absoluto, a la libertad; necesitan adaptarse a lo nuevo que se les ofrece y la reacción puede ser la de "hacer lo que me de la gana, de verdad" para comprobar que es cierto que nadie les va a parar ni a juzgar. Yo vi en De Kampanje (el Sudbury de Amersfoort, Países Bajos) a algún niño en esa situación (sin hacer nada que sea considerado como un aprendizaje desde el punto de vista académico) y, como dice una chica del vídeo que aquí os muestro, es algo terapéutico, y a partir de ahí ya eligen otras cosas que quieren hacer (entre las que están, por supuesto, dar vueltas por ahí y jugar al ordenador). Es muy importante tener esto en cuenta, ya que una familia que tenga dudas al respecto de esta educación, puede asustarse si ve a su hijo o hija en una situación así.
      Sudbury Valley no es el único modelo democrático y, para alguna gente no será el mejor pero es un ejemplo de respeto a la libertad y autonomía de las personas. Dice la chica del vídeo que en ese colegio
" Cualquier cosa que haces, está bien y cualquier cosa que haces es aprender".

       Agradezco desde aquí a las personas que gracias a estos vídeos, nos muestran lo que ya se está haciendo y los efectos que eso tiene. A veces necesitamos imágenes que transmitan estos mensajes para creer que es posible y que ya se está realizando en muchos lugares del mundo. Están lloviendo escuelas y mucho más.

       El otro vídeo que quiero compartir es éste: "Education is everything", "Todo es educación". Os lo muestro porque me gusta mucho lo que dice:
"Todo es educación, la educación empieza cuando naces y no acaba hasta tu último suspiro...
... Educación no son cursos, asignaturas o calificaciones, es lo que aprendemos, es conocimiento sobre nosotros mismos y la comunidad en la que vivimos...es sobre cosas que nos importan como individuos. No es sabio sólo hacer lo que se nos dice, hay tanto por descubrir...
¿Cómo sabemos si algo está bien o mal? los/as niños/as necesitan experimentar.
La educación debería ayudarnos a reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos ser, debería ayudarnos a alcanzar nuestros sueños..."

Ahí lo dejo, el resto os dejo que lo veáis.

      Espero que los disfrutéis. Yo os deseo un buen comienzo de año y de trimestre, pero sobretodo se lo deseo a todos los niños y niñas que están bajo nuestra responsabilidad, así que os animo a ir cambiando pequeñas cosas para ofrecerles a ellos/as lo mejor, y que su año esté lleno de días felices, de días en los que aprendan a ser quiénes son y no que aprendan a ser lo que les digamos que sean. A lo mejor esto supone replantearnos nuestra labor como docentes pero eso es lo que supone ser un buen docente, aunque lo hayamos olvidado o nunca nos lo hayan contado ¿No creéis?
     Y, si queréis, podéis contarnos aquí cómo os va en esas reflexiones. Yo seguiré compartiendo las mías y contando mis experiencias mientras sigo Yo viendo escuelas.

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- Ilustración "Están yoviendo escuelas y mucho más" de Noelia Varea (deveras proyectosgraficos).








domingo, 16 de diciembre de 2012

Cómo acompañar a los niños y las niñas en el duelo

     Hoy hace 20 años que perdí a una persona muy querida. Este hecho me ha marcado desde entonces y todavía hoy tengo que lidiar con parte de las consecuencias de aquella pérdida tan dolorosa.
    Y ¿Por qué contar esto? Porque yo era todavía una niña y ahora, como adulta y como maestra (o persona que está muy en contacto con la infancia) veo lo sola que se sintió esa niña al estar todo el mundo alrededor ocupándose cada cual de su propio dolor, así que he decidido contar aquí lo que pienso sobre cómo acompañar a un niño o niña al que le toque vivir algo así, sobretodo desde la escuela (que es desde donde yo puedo colaborar).
     Yo supongo que el cómo cada persona experimente la muerte de alguien cercano depende de muchos factores: su edad, su madurez, cómo lo viven los de alrededor (sobretodo su familia directa), la información que se le da, los comentarios que oye o que se le dicen, la espiritualidad con la que lo viva la familia, etc... por eso, lo mejor es dejar un espacio donde puedan expresarse libremente, sin juicio y puedan preguntar sin miedo, obteniendo respuestas, aunque la respuesta que le dé un adulto sea "no lo sé, yo no tengo la respuesta". Es muy importante la sinceridad de los "mayores" en este caso; es verdad que cuando son muy pequeños/as hay que adaptar ciertas explicaciones o ayudarse de cuentos que intentan explicar en qué consiste eso de la muerte, pero sí están preparados y preparadas para entender que mamá y papá están tristes y pueden llorar. Ojalá no tuvieran que verles tristes ni llorando, ojalá pudiéramos vivir los adultos estas pérdidas con más aceptación y menos dolor pero, si hay dolor y se sufre, entonces los niños y niñas lo ven y lo perciben y por eso, es mejor poner palabras y expresar qué estamos sintiendo, sin cambiar la realidad ni ocultar las propias emociones (sin olvidarnos de atender las emociones de los que aún siguen vivos).
     No podemos evitar la muerte, no podemos evitar que se nos vaya alguien querido, pero sí podemos evitar que las consecuencias de dichas experiencias sean aún más dolorosas.
       Cuando un niño o niña (insisto que depende mucho de la edad y que cada caso es distinto) pierde a una persona de su entorno más cercano, además del dolor de la propia pérdida (que dependerá mucho del dolor que sientan los adultos), surgen emociones muy difíciles de identificar. Estas emociones pueden estar relacionadas con la culpa. Sí, con cierta frecuencia, el niño o niña se siente culpable, bien por el hecho en sí de la muerte (tienen ese pensamiento mágico en el que creen que por haberlo dicho o pensado en un enfado, han podido ser los responsables) o por sentir que podrían haber hecho algo para evitarlo, o en otras ocasiones (cuando son más mayores) pueden llegar incluso a sentirse culpables por quedarse aquí, en la vida y que le haya tocado a otra persona morirse (yo escribo aquí justo casos con los que yo me he encontrado; puede sonar algo extraño o puede que haya más situaciones que yo desconozco). En cualquiera de los casos, hay que hacer lo posible para que el niño/a no sienta ni un poco de responsabilidad.
      El ambiente que rodee al niño o niña y las cosas que se le digan o escuchen, influirán mucho en cómo sea su duelo. El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida; en este caso sería el tiempo que cada cual necesita para elaborar dicha pérdida. En ese proceso  es necesario dejar salir las emociones que surjan, permitirse sentir el dolor, la pena (el alivio, en algunos casos), etc... y cuidarse hasta que se asimile dicha pérdida (el tiempo depende de cada persona).
     Como maestra, tuve la oportunidad de acompañar a un alumno que perdió a su padre, cuando estaba en 5º de Primaria. Mi primera reacción fue la de asustarme por no saber cómo actuar con él. No puedes hacer como si no hubiera pasado nada, no puedes ponerte a llorar, si eso te hace perder la capacidad de ayudarle, y no puedes olvidarte de que hay otra parte de alumnos y alumnas que también necesitan atención en estos casos y un espacio donde poder hablar, preguntar, opinar, compartir experiencias personales y dar ideas sobre cómo recibir a su compañero/a.
    Desgraciadamente, en nuestra cultura estamos muy poco preparadas y preparados para afrontar estos temas. Los más pequeños/as son muy espontáneos/as y no lo viven como un tabú pero, a medida que van creciendo, y aprendiendo de cómo lo viven los adultos, estos temas se convierten en esas cosas de las que "no se habla" y entonces, nos sentimos más perdidos/as. Pero los/las que lo deseamos, hacemos lo posible por romper ese tabú. Cuando has tenido tú la experiencia, el tabú va desapareciendo por lo real del asunto y porque te acostumbras a hablar de ello con la naturalidad cruda y real del tema y vas acostumbrando a los demás a que pregunten sin miedo y a que compartan también sus inquietudes. Cuando te toca poner eso en práctica con un niño y quieres actuar con naturalidad, desde el amor y sin pasar por encima como si nada (a veces es lo más fácil porque te aseguras no meter la pata, o eso crees), entonces te puedes sentir algo desorientada...al menos así me sentí yo. Y, menos mal que, en mi desorientación, encontré el apoyo de Vicky, amiga y orientadora del colegio en aquel entonces. Y ya os digo si me orientó, no porque me diera material para leer, ni porque me dijera frases concretas para utilizar con mi alumno, que lo hizo, sino porque me hizo comprender por lo que estaba pasando ese niño y su familia, las posibles emociones que podía estar sintiendo y me ayudó a comprender el papel que me tocaba asumir como maestra. Lo primero que hice fue hablar con él a solas, preguntarle que si me quería contar cómo estaba, hacerle sentir que se le permitía tener cualquier emoción que estuviera sintiendo y acordar con él qué información quería darle a sus compañeros y compañeras y si quería hacerlo él o prefería que lo hiciera yo. Después pasé a leerle los "derechos" que tiene una persona (en este caso un niño) que está de duelo:
Tienes derecho a sentir lo que sientas en cada momento (susto, pena, rabia, miedo, incluso alegría, alivio o nada en absoluto).
Tienes derecho a elegir si quieres expresar cómo te sientes y la manera cómo quieres hacerlo.
Tienes derecho a desconectar de las explicaciones de la profe y a salir de clase cuando lo necesites, incluso sin avisar.
Tienes derecho a no traer hecha la tarea y a hacer el examen cuando tú decidas.
Tienes derecho a celebrar un ritual de despedida en el aula o en el cole.
Tienes derecho a disgustarte por problemas cotidianos.
Tienes derecho a recordar a la persona que ha muerto y hablar de ella (o no), etc...
y todos los derechos que le hagan sentir a la persona, que está en un momento especialmente sensible y que las personas de alrededor lo sabemos y estamos ahí para acompañarle. En realidad, leerle estos derechos a alguien es respetar su momento y hacerle sentir que lo que sienta y lo que haga "está bien".
    En el aula hicimos un ritual de despedida y encendimos una vela en una mesita que dejamos durante tres días en el centro de la clase (el niño decidió cuando se quitaba). Cada niño y niña de la clase, en silencio, actuó según sus creencias (o las que tienen en casa): alguno rezaba, alguna transmitía energía positiva y otros no hacían nada (ahí la maestra debe cuidar mucho lo que dice y debe respetar la diversidad de creencias y religiones, sin influir con sus convicciones personales, aunque, por supuesto, también pueda compartirlas).
     Desde ese momento toda la clase acompañaba a su compañero en su duelo y se podía hablar, en las asambleas o en cualquier momento, de la muerte, de los accidentes, de la enfermedad, etc... o se le preguntaba abiertamente cómo se iba encontrando. Los niños y niñas se sienten muy atraídos hacia el tema de la muerte y necesitan preguntar y aclarar sus dudas en la medida de lo posible. Yo he percibido, en conversaciones con adultos, que sigue siendo un tema del que no se habla (no sé si por miedo a atraerla o porque en realidad no sabemos mucho de ella) pero lo que sí es cierto es, que la única verdad de la que podemos estar totalmente seguros/as, es que nos vamos a morir por el simple hecho de estar vivos/as y creo que es mejor hacer partícipes a los niños y niñas de eso y, si nos toca vivir la muerte de algún familiar de un niño o niña que conozcamos, nos acerquemos y le digamos sin miedo "siento tu pérdida" y "estoy aquí por si puedo hacer algo para que te sientas mejor".
     No llegué a preguntar a mi alumno si deseaba celebrar un ritual con todo el colegio pero hoy sí lo haría. Veo la escuela como un conjunto social donde es importante compartir las experiencias y donde siento que es positivo que todo el grupo conozca la situación por la que puede estar pasando un alumno y su familia, pero depende del deseo de ese niño y esa familia.
   Ojalá consigamos vivir la muerte como vivimos la vida, pero mientras aprendemos, cuidemos a los niños y niñas que tengamos cerca y no les transmitamos nuestros propios miedos, que ya con los suyos tienen suficiente.

 
                                                                       16 de Diciembre de 2012    



   







viernes, 7 de diciembre de 2012

La Violeta, un cuento con final feliz



Es la 13, la hora del cuento en La Violeta. Ya están todos y todas preparadas y ya saben qué adulto lo va a contar porque lo llevan preguntando toda la mañana. Nuria, Celia, Gema, Tino y Álvaro se turnan para contar cada día un cuento (en la hora del cuento, porque el resto de la mañana lo cuentan cada vez que alguien se lo pide). A veces es un cuento tradicional, otras es una narración de una historia cualquiera.
 Algunas veces utilizan muñecos, cuerdas, pañuelos y otros objetos como apoyo visual y, otras es un cuento donde las protagonistas son las palabras y así cada cual se imaginará sus propios personajes. Veo que a los niños y niñas les gusta mucho cuando se utilizan muñecos (y, sobretodo, cuando prestan uno suyo para ser usado en el cuento) y esto ayuda mucho a los más peques ya que les ayuda a entender mejor y mantener la atención, pero reconozco que soy fan de las historias sin imágenes y, por supuesto, de los libros sin ilustraciones. Es bueno también ofrecer imágenes (y cuando son muy peques, las imágenes  y las fotos son lo mejor para "leer" un libro) y es difícil no hacerlo hoy en día con las ilustraciones tan maravillosas que nos ofrecen muchas editoriales, pero hay que intentar que también haya de lo otro cuando ya están preparados/as para seguir una historia solo con escucharla. Todas las imágenes que le demos a un niño/a, le estamos evitando inventarlas y, en esta etapa entre los 3 y 6 años tienen tal derroche de imaginación y creatividad, que es un regalo contarles historias en las que los personajes y paisajes de cada oyente sean distintos (después de esta edad siguen teniéndola pero, en parte depende de lo que hayan recibido anteriormente).
    Cuando yo era pequeña, Disney se encargó de poner imágenes a muchos personajes de los cuentos y es probable que Blanca Nieves fuera la misma para muchos de nosotros/as (misma cara, misma ropa y misma forma de moverse) pero ¿Qué me decís del Ratoncito Pérez o de aquellos personajes que nunca vimos en un dibujo? Cada cual dibujó el suyo. Siempre pregunto a mis alumnos y alumnas qué sienten cuando leen un libro y luego ven la película; la gran mayoría dice que le decepcionó un poco… Cuando leemos algo, influye mucho el lenguaje y las descripciones que el autor o autora realiza de los personajes y ambientes, y esto es algo a tener muy en cuenta al hablar de los cuentos. La mayoría de los cuentos tradicionales originales (no las adaptaciones) tienen descripciones muy ricas de cómo son y cómo actúan los personajes y eso ayuda a crear escenarios en nuestra imaginación llenos de detalles y color.  
     Ya conocemos razones suficientes para entender que contar cuentos es algo bueno, pero esto es solo el principio. El final sería observar (y preguntar) cómo se siente  cualquier persona de cualquier edad cuando escucha un cuento de hadas, una historia mitológica, una fábula, cuando le leen un libro, etc… No conozco a nadie que no le guste. Entre medias de estas razones podemos hablar de cuántas cosas aportan los cuentos a los niños y niñas ya que son un alimento para su imaginación, sus emociones, sus hábitos y su comprensión del mundo y de la vida, su iniciación a la lectoescritura, etc.... Está muy cerca del aporte que les supone el juego y por eso, el juego y el cuento son dos de las cosas fundamentales que debemos ofrecerles a diario (en la escuela y en casa) a todos los niños y niñas de cualquier edad (siempre que nos sea posible, claro). 
    La temática del cuento, al igual que sus elecciones en el juego, va cambiando y va siendo cada vez más compleja (en descripciones, temáticas o longitud de la historia). Es muy importante respetar los gustos y peticiones de los oyentes. Según van creciendo, van cambiando sus intereses y según qué les contemos y la intención e ilusión que pongamos, elegirán una temática u otra.
     Mi buen amigo Jaime Buhigas me introdujo en el mundo de la mitología al contagiarme su pasión por ella mientras me contaba historias durante largas caminatas en el Camino de Santiago. Desde entonces, me apasiona la mitología y siempre que puedo, cuento las historias a mis alumnos y alumnas de 5º y 6º de Primaria. Les encanta, les engancha, les despierta dudas y siempre que acabo, aunque sea la hora de irse a casa, me piden que siga (los mitos enganchan historias de diferentes personajes y se podría seguir y seguir sin parar). Es impresionante el silencio que hay en la clase (y en la Violeta con niños/as mucho más pequeños/as) y, por las caras que les veo poner, parecen estar escuchando con cada poro de su piel.
      Imaginad qué pasa cuando a los alumnos y alumnas les introducimos los contenidos de las asignaturas en forma de cuento o aprovechamos libros que ya existen para hablar de matemáticas o de lengua. No solo lo entienden mucho mejor sino que les interesa y les engancha. Aunque ya sabéis que soy partidaria de huir de las clases organizadas por edades y por asignaturas, soy consciente de que la gran mayoría estamos en una situación de escuela  tradicional y hay que ir buscando herramientas para que nuestros alumnos y alumnas no odien los contenidos y mantengan esa motivación natural siempre viva. Al final de este post os diré algunos de los libros que me han ayudado a contar historias a los/as más mayores.
     Espero que ya estéis absolutamente convencidos y convencidas (si es que aún no lo estabais) de lo bueno que es contar historias y, en especial, de lo necesarias que son en el desarrollo de los/as más pequeños/as. Una vez que se está en este punto, surgen las dudas acerca de qué cuentos narrar ya que hay algunos tradicionales, algo violentos y sangrientos, que dan miedo y muchas madres y padres prefieren no contar, o es el propio niño o niña que no lo quiere escuchar. Parece ser que esas historias tan “crueles” o las que contienen algún momento de “susto” no afectan a los oyentes infantiles como nos afectan a los adultos. A ellos les llega como otro tipo de información. Yo no soy una experta en este campo (aunque he leído varios libros sobre el tema y ahora estoy con el “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim) así que no voy a dar más explicaciones y pediré a mi amigo y gran cuenta cuentos Juan Grocin (“Juan Malabar”) más información o incluso, si puede, que escriba algo para publicar en “yoviendoescuelas”. Así como os pido a vosotros/as que nos contéis lo que sepáis, o vuestra experiencia como contadores y contadoras de historias.  De momento, os dejo un par de artículos de Gustavo Martín Garzo, un escritor que me encanta y que conoce mucho sobre los cuentos: El secreto de los cuentos y El pájaro de oro.
     Mi experiencia como observadora en La Violeta ha sido muy enriquecedora porque he podido ver cómo los niños y niñas de estas edades escuchan y reaccionan al oír cuentos. Cuando se les cuenta una historia con poco argumento, sin personajes importantes y sin sustos, lo disfrutan como si se les estuviera aplicando un bálsamo; cuando las historias encierran una trama y algún momento inquietante, están activos/as, recibiendo información, poniéndose en el lugar de los personajes y ocurre algo muy especial: es como si cada uno y cada una se quedara con la parte que más necesita escuchar (por su situación personal del momento o por su estado anímico ya que les ayuda a entender sus propios procesos personales) y he visto que, el cuento bien contado conecta de verdad con los procesos emocionales de cada oyente. 
     Un día vi a un cuentacuentos muy bueno contar a un grupo de niños y niñas y ocurrió algo muy interesante; él estaba contando un cuento con piezas de madera y cuando apareció el ogro (pieza de madera muy simple que no asustaba nada) que se quería comer a los chivos, un niño de unos 5 años rompió a llorar desesperadamente y tuvo que abandonar la sala porque no quería seguir ahí y porque no paraba de llorar. Los demás seguían disfrutando y se partían de risa cuando, después de pasar, con unos pocos nervios, el momento de "susto", vieron como el chivo grande corneó al ogro varias veces y acabó cruzando el puente y reuniéndose con sus compañeros. Bien, pues ese niño se asustó porque conectó con su miedo interno, con algo muy dentro de él, y el cuento le dio la oportunidad de sacarlo sin necesidad de hablarlo ni entenderlo. Cuando el cuentacuentos terminó de contar sus magníficos cuentos, fue a buscar al niño, le enseñó de cerca el ogro y le terminó de contar el cuento a él para que viera como los chivos acaban ganando al engañar al ogro. Así pudo cerrar su proceso emocional, confirmando que todo acaba saliendo bien. El cuento no daba miedo pero el niño sí sintió miedo, su propio miedo, al igual que sintió calma cuando todo acabó bien. "No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos nosotros" dice el Talmud.

    Existe mucho debate acerca de qué cuentos contar pero no hay ningún debate acerca del aporte tan rico que supone para la infancia contar cuentos e historias. Por eso yo, desde aquí os animo a que no dejéis de hacerlo nunca y que elijáis lo que os haga sentir que es bueno para los niños y niñas que tengáis cerca. Y que os sintáis libres de inventaros cuentos sobre la marcha o se los leáis vosotros/as o los leáis juntos (a veces con dibujos y otras sin ellos). Cualquier momento es bueno y les gusta mucho antes de dormir.

    En mi último día de visita en La Violeta tuve la suerte de contar "El Cuento" y tener a 24 oyentes de entre 2 y 5 años escuchando atentamente mientras yo desplegaba mis habilidades de papiroflexia, utilizando un folio que se transformaba en distintos personajes. Fue un regalo, fue un disfrute. Contar cuentos me gusta, es otra forma de dar amor.

    Desde aquí quiero agradecer al grupo que compone La Violeta por haberme permitido disfrutar de esta experiencia y ver, más de cerca, cómo son los más pequeños/as.

                               Gracias, violeteros y violeteras.




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Algo de bibliografía:
    Cualquier libro que cuente una historia es apropiado para ser leído en el aula pero aquí os dejo algunos relacionados con las asignaturas de Lengua o Mates que yo he utilizado en tercer ciclo de Primaria (leídos directamente o preparándome antes la historia y adaptándolo a su lenguaje).

  • Malba Tahan. El hombre que calculaba. Veron editores.
  • Carlo Frabetti. Alicia en el país de los números.
  • Hans Magnus Enzensberger. El diablo de los números. Ed. Siruela.
  • Carlos García Retuerta. Roger Ax, la divertida historia de la humanidad. Ed. Alfaguara.
  • Jesús Marchamalo. La tienda de palabras. Ed. Siruela.
  • José Calles. Mitos y leyendas populares. Libsa.
  • Gianni Rodari. Gramática de la fantasía. Plaza edición Barcelona.
  • Pierre Grimal. Diccionario de mitología griega y romana. Paidós.
Para los más peques hay bibliografía de sobra, empezando por cuentos clásicos y siguiendo por todos los libros nuevos que se van publicando (con y sin ilustraciones). Si necesitáis orientación, decidlo y yo os hago una lista.