miércoles, 15 de mayo de 2013

La educación en Finlandia

     Me sobra el abrigo. Estas mañanas voy caminando al cole de Länsi-Pasila y a mitad de camino ya lo llevo en el brazo. Al despertarme a las 7 am. parece que son las 12 del medio día y al acostarme a las 23.30 me cuesta cerrar el ojo porque parece las 20 de la tarde. Me gusta Helsinki en primavera.
    Y me encanta sentirme rodeada de gente cuya intención es hacer más fácil la vida a las personas que tienen alrededor. Me refiero a la conductora de tranvía que al cerrar las puertas antes de arrancar, las vuelve a abrir al ver que alguien se acerca corriendo, o al que se te acerca ofreciéndote ayuda en cuanto te ve abrir un plano de la ciudad, o a la maestra que trata con amor y respeto a sus alumnos y alumnas, practicando su oficio con tanta seguridad y profesionalidad que crea un ambiente muy especial en el aula.
     Ya conocéis mucho sobre el sistema educativo de Finlandia pero voy a recordároslo, comentando algún detalle. La educación obligatoria comienza a los 7 años y la educación Primaria es progresiva. En primero y segundo los alumnos/as tienen 20 horas lectivas a la semana, pasando a ser 23 horas al pasar al segundo ciclo y 25 horas para los estudiantes de 5º y 6º. Casi el 100% de los colegios son públicos (las familias no pagan nada, ni siquiera la comida) y cada centro tiene autonomía para organizarse según el dinero y los docentes con los que cuente. Lo de los docentes es un tema aparte, muy diferente a lo que vemos en España...y merece un título en mayúsculas:
    DOCENTES DE FINLANDIA: Después de realizar un examen bastante difícil y una entrevista de acceso a la universidad de Magisterio (solo unos pocos aspirantes pasan), la carrera dura 5 años (en la que eligen dos especialidades) y la mayoría continúa sus estudios después. Cuando terminan de estudiar eligen colegio en el que les gustaría trabajar y entonces realizan una entrevista con el director o directora. Os podéis imaginar que llegados a este punto, ya nos encontramos con personas que han pasado muchas pruebas y que han tenido que demostrar estar realmente motivadas por su trabajo, por lo tanto, el sistema confía plenamente en ellas y les considera lo suficientemente responsables y profesionales como para no necesitar que nadie les controle. En Finlandia no hay inspección educativa y eso, les hace sentirse aún más responsables en lo que a educar a niños y niñas se refiere. Son y se sienten responsables de educar a su vez a personas responsables, de educar a todos/as de la misma manera; como prácticamente todas las escuelas son públicas, en el momento en que cada niño/a pasa la puerta del cole (al que acude solo/a desde su casa desde el primer año) no existen diferencias sociales, todos/as son iguales, tienen los mismos derechos, todos/as merecen lo mismo, las mismas oportunidades y todos/as reciben la misma educación, una educación de verdad de calidad
     He podido ver en estos días a docentes jóvenes, con pocos años de experiencia y son brillantes en su trabajo y en su trato hacia los alumnos y alumnas, están todo el día con su clase (hasta las 14.00 hr. aproximadamente), dan las gracias a cada niño/a cuando les piden leer en clase de lengua,  les sonríen cuando esperan que se calmen, tocan el piano y cantan aunque no estén en clase de música, e incluso comen con el grupo, educando también durante este tiempo; cada niño/a se sirve en su plato la cantidad de comida que quiere y luego recoge su bandeja y recicla lo que tira. 
    Los docentes se hacen cargo de su responsabilidad con orgullo y disfrute, y toda la sociedad se lo reconoce, por eso es una de las profesiones más valoradas, es un colectivo con mucho prestigio.
    Después de solo unos días en una escuela, puedo notar con mucha claridad la calidad de los/las profesionales que trabajan en educación y la calidad de ésta. Es verdad que no deja de ser un sistema estructurado que ofrece un curriculum obligatorio por niveles, con clases en aulas con pupitres, en el que hay horarios, deberes para casa y evaluaciones que, lógicamente, marcan diferencias en el nivel de los estudiantes, y todo esto, después del año que llevo visitando escuelas libres, me hace pensar que otra forma es posible, pero si tuviéramos en España una educación como en Finlandia, probablemente no habría ni pensado en buscar formas alternativas de educación. Aquí cada escuela tiene autonomía e independencia para organizarse como desee, solo tiene la obligación de cumplir el curriculum pero cómo lo haga, es cosa del equipo docente con el que cuente porque son los y las que saben cómo hacerlo y, insisto, se hacen cargo de esa responsabilidad.
     Voy a visitar otros coles que, siendo públicos, siguen otros modelos (como Freinet o Montessori) y por lo tanto, organizan sus clases y materiales de otras maneras. Os iré contando... pero lo importante, sea cual sea el cole, es que aquí el ambiente es buenísimo, los niños y niñas van contentos/as al cole, están motivados/as, el porcentaje de abandono escolar es únicamente del 0,2% y toda la sociedad está unida, juega en el mismo bando, en el de una Educación Pública de Calidad.
     Y a esto es a lo que nos referimos con ese grito plasmado sobre fondo verde que tanto miedo da a nuestros políticos. ¿Será tan difícil de entender?



Os dejo aquí el link para ver el programa que emitió la Sexta sobre la educación finesa para que podáis completar la información. Es muy interesante y no habla únicamente del sistema finés:  Salvados "Cuestión de Educación"





domingo, 12 de mayo de 2013

Y...llegó El Dragón, un espacio para crecer en libertad.


    ¿Qué es lo mejor que le puede pasar a una maestra viajera interesada en las escuelas libres y que echa de menos el día a día rodeada de niños y niñas? Que una pequeña libélula de la suerte (dragonfly), que la ha acompañado durante años, evolucione, se convierta en dragón y le traiga un proyecto educativo libre y democrático para llevar a cabo lo aprendido en un maravilloso año de "yoviendo escuelas".
    Pues sí, así es, si lo hubiera soñado o deseado no creo que hubiera conseguido algo tan bonito como lo que es. Mis intenciones pedagógicas de este curso escolar eran las de conocer otras formas de educar y la de comprobar que los estudiantes de escuelas libres aprenden y se desarrollan como personas de la forma que yo considero importante: personas competentes, capaces de elegir y tomar decisiones, personas autónomas y responsables que no dependen constantemente del adulto para que le diga, vigile y ponga ciertos límites que ellas mismas pueden aprender. No sabía qué me podría deparar este periplo de idas y venidas, a parte de formarme más como persona y como educadora. Y tal vez, por no esperar nada concreto, tal vez por abrirme a la vida y estar receptiva, tal vez porque a veces las cosas grandes te eligen a ti y no tú a ellas, me ha llegado el regalo inesperado. Bábara (fundadora de la escuela infantil "La Libélula") y Juan, a lomos de un recién nacido dragoncillo, llegaron para ofrecerme estar con ellos en la apertura de un espacio libre y democrático que llega con nombre propio: "El Dragón". Y, por supuesto, después de conocer bien el proyecto he dicho "sí quiero". ¿Cómo resistirme a un proyecto tan respetuoso con la educación de las personas? ¿Cómo no unirme a una escuela donde los niños y niñas son los y las protagonistas, donde eligen qué hacer con su tiempo y donde toman las decisiones importantes? 
    El Dragón es un espacio educativo libre que abrirá en septiembre en Torrelodones, a las afueras de Madrid. Es un proyecto ecológico y bilingüe que recibe niños y niñas desde 3 a 9 años el primer curso, para ir ampliándose poco a poco hasta completar toda la educación escolar (Primaria y Secundaria).  La casa y el jardín son una preciosidad, y el entorno está formado por la naturaleza típica de la sierra de Guadarrama, un lugar perfecto para que los dragones y dragonas aprendan a volar en libertad ya que, una de las características típicas de la educación libre es que cada cual decide qué hacer con su tiempo; no hay clases, no hay deberes, no hay aprendizajes dirigidos por el adulto, hay espacios y materiales para que los niños y niñas jueguen, hagan y deshagan, miren, toquen, lean y, mientras tanto, aprendan.

     Estoy deseando desplegar yo también mis alas y seguir volando, creciendo y aprendiendo en libertad, que es algo que ni en la edad adulta se consigue fácilmente. Quizá con el tiempo, gracias a escuelas como ésta (y muchas otras que ya están en marcha), nos demos cuenta de qué es lo realmente importante en la educación y consigamos que los "jefes" y "jefas" del sistema, que parece que han pasado muy poco tiempo rodeados/as de niños y niñas, que no están dispuestos a escuchar ni a empatizar con los que día a día estamos al pie del cañón en la educación, elaboren una Ley que ayude, acompañe y respete a toda la comunidad educativa, en lugar de castrar, evaluar, amenazar y castigar de diversas formas a alumnos/as, profes y familias. 

    Y mientras, yo sigo con mi proyecto, sigo yo, viendo escuelas por el mundo, pero mi intención ahora es doble: la de observar cómo aprenden los niños y niñas, y la de elegir lo mejor para alimentar al Dragón que me espera en Madrid. 

Las 22.30 hr. en Helsinki
     Y... ¿qué me llevaré ahora de Finlandia, además de la amabilidad, alegría y generosidad de las personas que ya me acogen (Hannele y Riku)? (Nota: yo me leo y sueno exagerada y repetitiva al hablar de lo maravillosa que es la gente, lo sé, pero es que es verdad, es impresionante la suerte que estoy teniendo con las personas con las que me he ido encontrando este año y no puedo evitar recordármelo y compartirlo) Me llevaré, desde luego, el buen tiempo de primavera y las horas de luz que hacen a los fineses salir a disfrutar de su país. 

     ¿Y de su tan valorado sistema educativo? Eso ya os lo iré contando, que acabo de aterrizar y me queda mucho por visitar.

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Contacta con El Dragón (web en construcción) escribiendo a : barbara@eldragon.org 



sábado, 20 de abril de 2013

Thank you, Sudbury Valley School

     
    El vuelo sale con retraso. Ha habido dos explosiones en el centro de Boston y las medidas de seguridad se extreman. No siento miedo (no creo que vaya a pasar nada más) pero sí dolor; la gente se une para correr una maratón, se esfuerza, se entrena, se arriesga y el premio es horrible, sobretodo para unos cuantos... Mientras espero, James Taylor suena en el hilo musical del aeropuerto. Buena elección para una despedida, así se me hace más corta la espera, mientras turistas y bostonianos miran las pantallas de televisión donde retransmiten lo ocurrido desde el centro de la ciudad.
      Aprovecho a releer mis apuntes sobre mi visita a Sudbury Valley School y encuentro una de las claves que me hizo volver a ver la riqueza de una educación de este tipo (nada nuevo pero muy bien explicado), pero eso os lo cuento luego...

     El viernes, mi último día de visita, fui una de las últimas en irme del cole, casi todos se habían ido antes de las 16.00hr para dar comienzo a su semana de vacaciones. Las salas quedaron vacías, faltaba la vida en esa enorme casa. Mi segunda semana de visita me ha regalado conversaciones interesantes y reuniones importantes que me han ayudado a entender más el funcionamiento de la escuela. Me siento muy agradecida por haber podido asistir a esas reuniones donde adultos y jóvenes debaten, comparten emociones y toman decisiones sobre el futuro del colegio.
     He disfrutado también de una extensísima conversación con Hanna Greenberg, una de las fundadoras y actuales acompañantes de la escuela. Le preguntaba, entre otras cosas, que si al comenzar hace años, ella imaginaba que el cole sería como es a día de hoy. Me contaba que al empezar con el proyecto, su marido Daniel y ella sabían que querían crear un lugar bueno para los niños y niñas y que les dejarían hacer con su tiempo lo que quisieran, pero dice que no imaginaba que la realidad fuera a superar positivamente el sueño que ella y él tenían. Entre otras cosas, ella veía que la escuela tradicional potenciaba únicamente un tipo de inteligencia y que había otras muchas inteligencias que no eran tenidas en cuenta y en la escuela no eran fáciles de desarrollar. Entonces se pusieron en marcha y ya han pasado 45 años en los que han visto pasar generaciones de niños y niñas que han realizado ahí su escolaridad o parte de ella. Dice que lo que no imaginaba era que esas niñas y niños, con el tiempo serían personas tan auténticas, con las cosas bastante claras y una fuerte personalidad. Y yo he podido comprobar que eso es real, esta escuela permite a cada persona ser quien realmente es y desarrollar las capacidades que cada una tiene o elige entrenar. 
      Entiendo perfectamente los miedos que suscita este tipo de educación, teniendo en cuenta que nos centramos siempre en el miedo que da que los estudiantes no adquieran conocimientos que consideramos imprescindibles, pero si nos fijamos en todo lo que sí aporta para educar a personas  auténticas y competentes, si nos fijamos en el bosque y no solo en el tronco en el que ponemos la atención, vemos que lo que debería darnos terror es centrarnos en esas preocupaciones sobre los contenidos, porque entonces damos importancia a una única faceta de la complejísima organización de un ser humano.

      Estos días he tenido tiempo también para releer las tesis que los estudiantes escriben cuando se sienten preparados para dejar el colegio y salir al mundo a vivir como adulto. Me impresionan las cosas que dicen sobre su experiencia en esta escuela y cómo, en la mayoría de los casos, les cambió la vida. Una chica cuenta cómo se sentía en su antiguo colegio: "Cuando aprendíamos algo que me interesaba, era puntual, prestaba atención en clase y estudiaba. Luego, cuando estaba muy motivada y con ganas de saber más, cambiábamos de tema. Me sentía como un árbol cuyas raíces eran constantemente cortadas, negándome la posibilidad de crecer" "Gracias a venir a SVS, pude aprender cosas que no habría aprendido de otra manera. Aprendí a ser yo misma sin importar lo que la gente opine. Descubrí mis opiniones y aprendí a expresarlas. Encontré y perseguí las cosas que me apasionan y seguiré haciéndolo el resto de mi vida..." 
Este es solo un ejemplo de los muchos estudiantes que pasan por aquí pero muchos coinciden en que salir de esta escuela no es algo que vaya a suponer un cambio radical en su vida porque no ven apenas diferencia entre la vida escolar y la vida, y no ven diferencia entre lo que hacen en la escuela y lo que supone la llamada vida adulta. Y es que lo que me dijo uno de los chicos de 18 años, que yo ya tenía claro pero que estaba tan bien explicado, es que: 
"En una escuela regular el trabajo está separado del juego y la diversión. Como estudiante tienes la obligación de responder al trabajo, esforzarte bajo presión, trabajar en el cole, en casa, etc...y a parte, separado de eso tienes el juego y la diversión. Así lo aprendemos y así lo continuamos haciendo cuando somos adultos: trabajo vs juego. En una escuela como Sudbury Valley School, trabajo y juego van de la mano, todo es uno porque todo lo que haces surge de una motivación, y así lo sigues haciendo cuando te incorporas al mundo adulto: disfrutas trabajando, trabajas disfrutando". 
¡Y tan clarito que lo tenía el chico! Por favor, leedlo hasta que entendáis bien de qué está hablando, es el secreto para ser más felices y acabar con el stress y las insatisfacciones de nuestra vida ¿O no?

      Ya lo dije en otro momento, probablemente este sistema no sea el único que favorezca esto, o incluso tal vez no sea el mejor, pero yo no estoy aquí para decidir eso, estoy aquí para ir ofreciendo y compartiendo la realidad del panorama educativo; y ojalá lluevan más escuelas interesadas en educar mejor, y ojalá algún día sean públicas y tengamos libertad de elección, pero sí quiero compartir con vosotros y vosotras la alegría que siento por haber conocido este sistema y lo agradecida que estoy porque me ha hecho profundizar más en la educación y encontrar dentro de mí lo mejor que yo puedo ofrecer a los demás (y no sólo a los niños/as), acogiéndoles y escuchándoles sin juicio, y sin decidir qué deben hacer.
        
      El avión despegó, dejando en Boston una semana de miedo, angustia y luto. En él viajaban algunos corredores de la maratón que tuvieron la suerte de volver sanos y salvos. Yo también vuelvo sana, salva y muy contenta. Me llevo una experiencia preciosa que he disfrutado rodeada de gente amable, generosa y divertida. Justo antes de aterrizar, el cielo me regaló uno de los amaneceres más hermosos que he visto. Algo está amaneciendo en mi vida (me encanta buscar el sentido metafórico) y, por si no me había querido dar cuenta, la vida me lo muestra a las claras y por todo lo alto. Ok, I got it!



     Desde aquí doy las gracias a toda la gente del staff: Jay, Peter, Kelly, Maria, Christen, Scott, Mikael, Mimsy, Hanna y Daniel por ser tan amables, contestar a mis preguntas, ayudarme y hacerme sentir tan cómoda.
    Y a María, Isabel y Jonah por haberme regalado su hogar y su compañía, por las conversaciones, la comida, la música y todo lo demás.

miércoles, 10 de abril de 2013

El placer de aburrirse en primavera

Mi amiga, la dulce Isabel
     Vaya noche de tormenta, rayos y truenos al más puro estilo de Hollywood (¡esto es América!). Pero he llegado al cole y ha salido el sol. Anuncian que hoy llegaremos a casi 70º (Fahrenheit, ¡qué susto! que son unos 20º Centígrados). Las chicas han sacado sus shorts y sus vestidos de verano y los chicos las flip flops (chanclas). Yo no me he quitado el jersey ni las botas de invierno en las que llevo bien calentitos los calcetines más gordos de mi armario porque no dejan de ser 20 grados en una zona fría en la que aún quedan restos de nieve. 
     Sale el sol y sale la alegría y las ganas de estar fuera y jugar, correr, saltar, etc...o simplemente tumbarse en el cesped a leer, hablar o a disfrutar de un plácido aburrimiento, porque esa es una de las riquezas que ofrece un lugar como éste: el aburrimiento. Este estado casi siempre tiene una connotación negativa, cuando una persona dice "estoy aburrida" normalmente está diciendo que le gustaría no estarlo o está buscando algo para hacer y parar ese aburrimiento. Yo creo que el aburrimiento no existe, es más bien una ausencia de actividad, y deberíamos cambiar el mensaje que transmite para que deje de dar miedo, porque el hecho es que aburrirse da un poco de miedo, tal vez porque es estar con un@ mism@, sin distracciones, es estar en soledad, y no todo el mundo lleva bien eso de estar sol@. Cuando alguien dice "me aburro" está diciendo "no aguanto estar sin hacer nada y eso me inquieta" y lo dice porque busca entretenerse o que le entretengan. Bien, pues yo creo que eso a lo que llamamos erróneamente (bajo mi punto de vista, claro) aburrimiento es un estado que todos experimentamos con cierta frecuencia y que es algo natural, positivo y enriquecedor ya que ese estado de contemplación en el que no se hace nada es una oportunidad para escucharse, sentirse y dejarse ser, que es algo que nos permitimos hacer con muy poca frecuencia. Es un estado creativo también porque de ahí afloran ideas de las muchas semillas de ingenio que hemos ido sembrando casi sin darnos cuenta en nuestro interior o con las que hemos nacido y ni lo sabemos. Y qué bueno sería aprender a disfrutar de esos momentos desde la infancia.
     ¿Os habéis parado a pensar lo positivo que esto sería para los niños y niñas? ¿Habéis observado el tiempo que deja la escuela para que un niñ@ se pueda aburrir? y ¿Habéis visto la poca tolerancia al aburrimiento (a no hacer "nada") que tienen los niños y niñas que nos rodean? Están tan acostumbrados a que llenemos su tiempo con clases, actividades, trabajos y entretenimientos propuestos, que en cuanto tienen un minuto sin algo que hacer, dicen "me aburro" (much@s se ponen a jugar a su aire y no sienten eso jamás). 
      Teresa Belton, una investigadora de la universidad de Reino Unido dice: "los niños necesitan tener tiempo para 'no hacer nada', tiempo para imaginar y perseguir sus propios procesos de pensamiento o asimilar sus experiencias a través del juego o simplemente observar el mundo que les rodea". También dice que "ahora, cuando los niños no tienen nada que hacer, de inmediato encienden el televisor, la computadora, el teléfono o algún tipo de pantalla y eso provoca un cortocircuito en el desarrollo de la capacidad creativa". 
     Es verdad que, como ella dice, el tiempo que dedican al uso de la tecnología ha aumentado pero no creo que ésta sea la única encargada de rellenar los huecos en el tiempo de los niños/as, creo que es nuestra forma de vida, nuestras prisas y lo estructurado que se les da todo. Es curioso, hay personas a las que les gustan las escuelas libres y democráticas, donde cada cual hace con su tiempo lo que quiere y sin embargo me dicen "ese tipo de escuela está muy bien para algun@s niñ@s pero no para otr@s... Mi hija, por ejemplo, no habría estado bien ahí porque le gustan las cosas estructuradas y dirigidas". Me creo que sea así, pero yo pregunto ¿No será que es a eso a lo que se ha acostumbrado? ¿no será que no ha experimentado "sanamente" ese tiempo sin estructurar en el que puede encontrar su propia estructura? No sé, me cuesta creer que alguien nazca con una necesidad de estructura más allá de las típicas rutinas básicas que sabemos que son importantes para l@s niñ@s, o en los casos de necesidades especiales en los cuales la estructura y el orden son imprescindibles para dar seguridad.
      Yo veo estos días, en Sudbury Valley la calma, el ritmo y la serenidad con la que todo funciona. Aquí la gente tiene momentos en los que no hace nada pero eso no les supone un problema y no se oye nada acerca de aburrirse, simplemente se ponen a hacer algo cuando consideran que ese tiempo de no hacer nada se ha acabado.

      Hoy he tenido una conversación interesantísima y muy enriquecedora con una alumna de 18 años, lleva un año aquí y llegó después de pasar por varios colegios, alguno con especiales apoyos educativos pues tenía un diagnóstico relacionado con inestabilidad emocional. Ha compartido conmigo su experiencia y su sentimiento hacia el colegio y lo que ha provocado en ella. Dice que ha necesitado casi un año para "recuperarse", ha necesitado su espacio, su tiempo para acercarse a la gente y para encontrar su lugar, "hacer lo que quiero, a mi ritmo, sin que nadie me dirija ha provocado un efecto muy positivo en mí. Venir aquí me dignifica y me hace ser responsable" ¡Toma ya! Eso es lo que me contesta a la pregunta ¿Qué es lo que más te gusta de aquí? mientras decora mi empeine con rotus permanentes...Y es que eso es lo que los chicos y chicas perciben, que es un lugar donde se confía en ell@s y son reconocid@s y respetad@s por lo que son, que no es poco. ¿Habéis tenido la suerte de experimentar que alguien os trate así alguna vez? y ¿acaso no ha salido lo mejor de vosotr@s?
     Ella también me cuenta que su familia quiere que vaya el próximo curso a la Universidad pero ella dice que no está preparada y necesita otro año aquí, así que está trabajando por las tardes para pagarse el colegio el curso que viene. ¿Pagarse una matrícula en un cole en el que no se hace nada? Curioso ¿no? Algo tendrá esto que hace sentir así de bien a sus "usuari@s"...y yo tengo la suerte de poder verlo y comprobarlo. Cómo me gustaría venir aquí a diario, volvería a pasar mis años de colegio de esta manera. ¡Pena de máquina del tiempo que no está aún lista! 

    Hay varias cosas que me encantan de aquí. Una de las que más me gustan es ver a personas de distintas edades interactuando todo el tiempo, para jugar, para aprender, para debatir, para cocinar, para comer, etc...Otra es encontrar objetos personales por ahí, mochilas, teléfonos móviles de última generación cargando en cualquier enchufe, bolsitas de dulces o de comida apetecible, etc, sin vigilancia alguna. Saben que nadie lo va a coger (algun@s porque no es suyo, otr@s porque serían llevados al JC, pero el hecho es que el resultado es una convivencia segura). Es como una gran familia que se auto-regula, donde el bienestar común es la principal finalidad. Como dice Tonucci en un estupendo artículo que podéis leer aquí, "La escuela debe ser, sobretodo, un lugar donde se aprende a vivir. Y a vivir bien" y esta escuela de las afueras de Boston ofrece justo eso, un lugar donde no se enseña, sino que se aprende a vivir. Y a vivir bien. 




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viernes, 5 de abril de 2013

Sudbury Valley School, Massachusetts

    Mi primera semana en Sudbury Valley School llega a su fin, parece que acabo de llegar, todo es aún nuevo, pero a la vez me siento como si conociera a esta gente desde hace meses. Es tan cómodo moverse por la enorme y preciosa casa en la que encuentras todo tipo de salas y a todo tipo de personas haciendo distintas cosas, que me siento ya un poquito parte de aquí. 
   Cuando una familia ofrece a su hijo o hija ir a Sudbury Valley School, el cole le ofrece pasar una semana de prueba. Después, decide si quiere hacer el cambio o no. En mi primer día de visita yo tenía una duda sobre cómo usar algo en la cocina y justo pregunté a un niño que me dijo que no lo sabía porque era su primer día en su semana de prueba. Los dos éramos nuevos, los dos desconocíamos el funcionamiento del cole y ambos estábamos espectantes y algo nerviosos. Nos presentamos y nos hicimos muchas preguntas. Mi motivación para estar aquí era clara, observar a los chicos y chicas y aprender cómo se organizan; la duración, también: dos semanas. Para él era diferente, su motivación también estaba clara: ser feliz y disfrutar de su tiempo sin tener que estar sentado cinco horas escuchando a profes hablar y sin tener que hacer deberes toda la tarde "Odio el colegio", me decía. Su duración: una semana que podía ser definitiva en su vida escolar. No habían pasado dos horas y ya sabía que quería pasar el resto de su escolaridad aquí, aún viendo que llegar nuevo a un lugar así puede ser difícil y requiere de un proceso de adaptación.
     Hemos hablado bastante durante esta semana, me interesa mucho saber cómo se ha ido sintiendo y él parece estar muy interesado en cómo estoy yo porque me devuelve las preguntas que le hago y cuando ha probado a hacer algo nuevo, como usar el torno para trabajar arcilla, me ha dicho "you should definitely try this!", como si fuera una compañera más (aquí, los adultos están muy cerca de l@s niñ@s y de los adolescentes). Además de ser un chico sensible y majísimo de 11 años, creo que le gustaba sentir que no era el único que se enfrentaba a algo nuevo.

     Ya he descrito en otros post cómo funciona esta escuela pero voy a insistir en detalles que son los característicos de este sistema tan interesante. Aquí acuden diariamente unos 130 alumn@s entre 4 y 19 años, tienen que estar cinco horas entre las 9 y las 17 hr. que es cuando está abierto el colegio, y hacen básicamente lo que quieren con su tiempo. Los adultos están para garantizar su comodidad y seguridad así como para dar respuesta a las necesidades que tengan a nivel de estudios o de organizar actividades. Pero, claro, un lugar así requiere de cierto orden o de ciertas normas, ¿no? 
    Al principio, hace años, había unas pocas normas básicas de convivencia para garantizar el cuidado del prójimo, de la naturaleza y de los materiales, pero poco a poco necesitaron detallar más cada norma llegando a redactar un listado al que llaman "law book" y el cual consultan a diario mientras resuelven los conflictos en el JC, el Judicial Comitee que se reúne a las 11 a diario para atender las quejas que estén escritas. Cuando alguien pide a otro alguien que deje de hacer algo porque le molesta y no le hace caso, cuando alguien ve que alguien está haciendo un mal uso de algo o cuando alguien siente que hay algo importante para resolver, lo escribe en una hoja destinada para ello y lo deja en una carpeta sabiendo que al día siguiente a las 11, su tema será tratado. El JC está formado por 7 alumn@s de diferentes edades y una persona del staff (adultos acompañantes), todos juntos revisan las quejas y llaman a las personas implicadas, hacen las investigaciones pertinentes y deciden las consecuencias, dependiendo de las normas que hayan infringido. 
     He asistido cada día al JC. Es impresionante ver cómo funciona y cómo llegan a acuerdos y toman decisiones con un gran respeto hacia lo que los demás tienen que decir, es impresionante el cuidado con el que redactan cada informe buscando ser totalmente fieles a lo que ha ocurrido y es impresionante el tiempo que dedican a ello a pesar de que podían estar haciendo otras cosas posiblemente más interesantes para ell@s, pero saben que este sistema es el que les ayuda a mantener el orden y una convivencia agradable. Os podéis imaginar todo lo que aprenden y las habilidades que desarrollan realizando este trabajo. 
    Los jueves a las 13.00 hr. se reúne el School Meeting. Es la reunión o asamblea a la que puede acudir toda la gente que quiera y es donde se toman las decisiones importantes y donde se revisan los informes del JC, de tal manera que todo el mundo está constantemente informado de lo que ocurre en el cole (si quiere, claro). Es una reunión seria, dirigida por un moderador o moderadora (alumn@) que sigue el "orden del día", da turnos de palabra y hace las propuestas para que sean votadas, después de haberlas discutido. 

    El resto del tiempo lo paso viendo a los chicos y chicas hablando, jugando al ordenador, con los columpios en el jardín, jugando al frisbie, al baloncesto, usando monociclos, escalando árboles,  tocando algún instrumento de música o grabando en el estudio, pintando, cocinando cookies para el día de puertas abiertas, o leyendo tranquilamente en uno de los múltiples sofás que hay en la escuela. 

   Tod@s son diferentes, personas interesantes, capaces, educadas, respetuosas, amables, generosas, confiadas, divertidas, sinceras, etc... y eso es lo que se respira. La profe de arcilla que viene 3 días a la semana para enseñar y ayudar al que quiera, lleva años trabajando con niñ@s y dice que estos son l@s más felices que ha visto. 

     ¿Qué os voy a decir? Estoy en un punto en que lo que de verdad me importa es eso, que sean felices y que cada cual elija el camino hacia su felicidad, no que otras personas lo hagamos porque, en el fondo, en el cole no pensamos normalmente en su felicidad, pensamos en que hagan lo que queremos que hagan y que, a ser posible, no les incomode demasiado pero no les preguntamos jamás sobre lo que necesitan para ser más felices, y cuando lo expresan, nos reímos de ell@s.  
      Me ha emocionado de verdad hablar con mi nuevo amigo de 11 años, no sé si es porque sufre en su cole, tal vez porque me ha contagiado su emoción por venir a este colegio o porque he conectado con mi niña interna, a la que le habría asustado llegar a un sitio nuevo como éste pero a la que le habría encantado encontrar este lugar que te ayuda a ser tú misma sin esperar a tener 30 años y pasar por mil experiencias para conseguirlo.
    Ya han venido a recogerle. He salido a despedirme de él. Nos hemos deseado mucha suerte. Su cara está llena de esperanza, sabe lo que quiere y sobretodo sabe lo que no quiere. Le he observado desde una ventana mientras recorría el camino hacia el parking y he sentido como mi corazón ha latido de otra manera. ¡Suerte, amigo!









domingo, 31 de marzo de 2013

Yoviendo sin miedo

    Antes de comenzar este periplo educativo, alguien me escribió en mi libreta...
"Que ser cobarde no merezca la pena y que ser valiente no salga tan caro..." Parece que las cosas funcionan así y que no hay término medio, no se es un poco valiente, se es o no se es y el que es cobarde, lo es. Creo que no es atribuible a todas la facetas de nuestra vida pero sí a ciertas situaciones concretas que te hacen colocarte en un lugar o en otro. Y yo me pregunto, ¿acaso el cobarde reconoce su cobardía? ¿o nos sentimos tod@s valientes? y ¿Qué es ser valiente? ¿ponerse delante de un tigre?, ¿atravesar una calle peligrosa de noche?, ¿dormir en una casa fantasmal?, ¿decirle a alguien la verdad?, ¿mirarte bien y saber quién eres realmente?, ¿superar tus miedos internos, mirándolos a la cara diferenciando los peligros reales de los inventados? 
   Yo me quedo con las 2 últimas preguntas y decido que sí, que soy una valiente, porque he acabado con gigantes terribles que nublaban mi juicio y al final resultaron ser muñequitos enanos que, por estar pegados a mis ojos, parecían enormes. A veces, los dichosos molinos de viento están  acoplados en otros lugares impidiendo que avancemos: en los oídos, en el corazón, entre tú y otras personas, atando una cuerda entre tus piernas, etc... y está en nosotros reconocer el miedo, pero a veces es tan aterrador y está tan disfrazado que no lo vemos jamás, porque ya nos encargamos de fabricar montones de resistencias que no nos permitan comprometernos con lo que en el fondo de nuestro corazón queremos, ¿por qué? porque a veces, ni sabemos lo que queremos y eso da todavía más miedo o porque cambiar y avanzar da mucho vértigo.

     Después de coger a esos muñequitos y metérmelos en el bolsillo pequeño del pantalón (no se iban a perder el viaje) me subí al avión con destino Boston. Siempre viene muy bien tener un primo que se llame Rafa y sea auxiliar de vuelo en Iberia porque, aunque él no vuele, ya se encarga de que haya alguien que vele por tu tranquilidad y así fue ¡Qué suerte! ¡Gracias, primo!
     He decidido alquilarme un coche porque las distancias aquí son grandes y el transporte público no me iba a ayudar demasiado; necesito ir al cole todos los días, hacer turismo, conocer bien la ciudad de Boston, visitar a Richard, el amigo de Donald y al tío de Jacobo y todo esto, hacerlo a gusto... Así que me subí en el ford focus, puse las indicaciones en el GPS, me senté sobre mi pie izquierdo (en los coches automáticos no lo necesitas para nada) y me aventuré por las calles de Massachusetts. USA tiene una cosa que me encanta, la música, y es fácil encender la radio y encontrarte con temazos...¡Vaya regalos! Mumford and Sons, el 1,2,3 de Feist, etc... y así llegué a casa de María, la mujer que me alojará estas semanas, tiene 2 hij@s que van a Sudbury y hoy me llevan con su familia a celebrar La Pascua. 

     Mañana empiezo mi visita en Sudbury Valley School, estoy deseando ver a los ciento y pico alumn@s y adultos conviviendo y organizándose. Pensar en Sudbury me hace pensar en l@s valientes; son personas muy comprometidas que confían en lo que sienten, saben lo que quieren y, en ocasiones, tienen que luchar fuertemente por ello, contra el sistema y el entorno. 
     En educación tenemos que tener muy en cuenta lo que necesitan nuestr@s alumn@s y no dejar que nada nos ciegue ni despierte nuestras inseguridades. Tenemos mucho miedo y por eso, en ocasiones nos relacionamos con l@s niñ@s desde una posición errónea, de defensa o de ataque, y ahí perdemos nuestra fuerza y nos pasamos al lado de los cobardes.

     Creo que, sin muñequitos que me cieguen, voy a ser capaz de ver la grandeza que este lugar representa y estoy más preparada para cuestionar con amor y respeto todo lo que voy a conocer estos días.

     Os iré contando, ahora os dejo que debo ir a buscar mi cesta con los huevos de Pascua que me ha traído el conejito. Desde luego, esto de ser valiente, me está costando unos cuantos euros (y abrir los ojos a las 5 de la mañana por el jet lag) pero eso es todo lo caro que me está saliendo.


miércoles, 27 de marzo de 2013

3, 2, 1... Boston

Sudbury Valley School

         En tres días cogeré un avión directo a Boston para conocer, durante dos semanas, una de las escuelas libres y democráticas que más años lleva ofreciendo a niños y niñas un espacio para que disfruten con su tiempo haciendo lo que deseen. 
          En 1968, en Framingham, Massachusetts, Hanna y Daniel Greenberg fundaron Sudbury Valley School, un lugar donde los estudiantes, de entre 4 y 19 años aproximadamente, disfrutan de los dos valores principales de una escuela democrática: 
  • La libre asignación del tiempo: cada un@ elige qué hacer cuando está ahí. Hay determinadas actividades con las que un@ se compromete, que tienen que ver con el cuidado de la convivencia o por pedir algún tipo de taller, pero no hay horarios establecidos para clases ni obligatoriedad de adquirir aprendizajes concretos que llegan impuestos desde un curriculum. Por lo tanto, no hay pruebas evaluativas, notas ni diplomas. 
  • Las decisiones se toman de forma democrática: una persona, un voto. Estas decisiones tienen que ver con todo lo relacionado con la escuela, incluso la contratación o despido de los adultos acompañantes (o staff members). 
      Yo ya he tenido la suerte de conocer "De Kampajne", el Sudbury Valley School de Amersfoort en los Países Bajos y he podido percibir el respeto y el lugar tan importante que se les da a los niños y niñas, pero me siento muy afortunada por poder conocer la cuna de este movimiento de escuelas y confirmar con mi observación, que las personas que terminan su escolaridad salen de ahí con una preparación, tanto personal como académica, que convencería a cualquiera para acabar con gran parte de las prácticas del sistema educativo actual (actual y de toda la vida, vaya); este sitema que sienta a l@s niñ@s, les alecciona, les examina, presiona, castiga, refuerza positivamente para desactivar los refuerzos negativos que arrastra de malas experiencias, etc... y donde siempre es el maestro o la maestra el que, desde fuera, y bajo la presión de un claustro, una inspección o todo un sistema, va modelando a su gusto (en ocasiones, con un gusto exquisito pero no deja de ser el suyo) a un montón de niños y niñas que pasan por sus manos. 
     Hay muy pocos espacios educativos a día de hoy que permitan que cada niñ@ descubra lo que tiene dentro, desarrolle sus capacidades sin sentirse raro o diferente por no ir al ritmo de la media y aprenda lo que le interese. Y es una pena porque, aunque algun@s piensen que los niños, niñas y adolescentes no tienen derecho a elegir qué aprender y qué hacer, yo empiezo a pensar que es la mejor idea del mundo porque en Sudbury Valley School, el que aprende algo, lo aprende con ganas, con interés, lo aprende de verdad porque tiene sentido ya que es el momento en que ha necesitado aprenderlo.
        ¿Por qué dará más seguridad tener generaciones y generaciones de estudiantes formados de la misma manera, que generar diversidad? ¿Por qué dará más seguridad tener a 25 ó 30 estudiantes sentados haciendo lo mismo, de igual forma, que permitirles SER y enriquecernos todos? ¿Es el desorden de la clase lo que asusta? ¿Es el miedo a que nos superen? 
Raro, ¿no? Creo que es vértigo, debe ser que da vértigo generar esos espacios donde todos valemos lo mismo (grandes y pequeños) y nuestros saberes e inquietudes son compartidos pero no comparados ni evaluados.
         Pues todos estos aprendices, exploradores, juguetones, sabios ocultos que son nuestr@s alumn@s, se merecen que superemos el vértigo, las inseguridades y el miedo y  que vayamos dejándoles hacer... Seguro que es impresionante el resultado con el que nos vamos a encontrar.

      Yo, de momento, voy a ir aprendiendo cómo lo consiguen en el Sudbury Valley School original y traeré para España todo lo que pueda ayudar a que vayamos acercándonos a una educación libre y democrática. Durante mi estancia iré retransmitiendo mi experiencia y mis reflexiones mientras voy yo, viendo escuelas más allá del Atlántico.




domingo, 10 de marzo de 2013

Mariposas de Tximeleta


   
  
"El tren con destino Pamplona efectuará su salida por la vía..." Me encanta viajar en tren sola y me encanta llegar a una ciudad nueva para mí y sentir que todo se organiza de forma automática para que todo me salga bien. ¿Aquí todo el mundo es encantador o soy yo que con esta actitud de fascinación lo recibo todo teñido de mucha emoción? Como dice siempre Toño, al final todo es "cuestión de actitud" y ¡qué razón tiene!

"Un bombero entre mariposas" me recibe al llegar. Este bombero es Santi, un papá de la Escuela Tximeleta que escribió un libro con este título después de ejercer de maestro allí durante unos años. Cuenta sus preciosas experiencias como acompañante y maestro en esta Escuela Libre a la que lleva a sus hijas, que está en un pueblo a las afueras de Pamplona.
    
      Encuentro que el libro es una delicia de lectura, recomendable para cualquiera que esté próximo a la educación y además, cuenta con el prólogo del mismísimo Francesco Tonucci (Frato).

        Tximeleta, que significa mariposa en lengua vasca, es un proyecto educativo que partió de un grupo de familias hace ya 10 años con la intención de ofrecer una educación respetuosa y democrática a sus hijos e hijas. A día de hoy siguen siendo las familias las que hacen posible que se mantenga este precioso proyecto, pero esto se consigue también gracias al Equipo Educativo que está a diario facilitando y acompañando el revoloteo de las 33 mariposas, de entre 3 y 12 años, que forman Tximeleta. Asier, Leyre, Alberto, Garoa y Maider forman este potente equipo y gracias a ell@s, yo he podido observar de cerca cómo actúan, cómo aprenden, cómo disfrutan los niños y niñas y también cómo piensan, cómo toman decisiones, cómo resuelven situaciones y cómo cuidan a l@s niñ@s estos 5 adultos que creen en lo que hacen y que han compartido conmigo sus reflexiones e inquietudes acerca de educación y acompañamiento respetuoso. 

       A las 9 am. del lunes me subo en la camioneta con Leyre al volante y en dos paradas, recogemos a l@s niñ@s que van en la camioneta blanca. Hoy, la roja la lleva otro profe y así, se facilita la llegada de tod@s los que viven lejos de la escuela.
        Tximeleta es una casa de piedra, con 3 pisos y espacios amplios en los que se ubican diferentes materiales para jugar y para aprender diferentes materias (sala polivalente: de música y movimiento o de asambleas, sala de juego simbólico, taller de madera, taller de artística, sala de colchonetas, la cocina, "txokos" de lengua y mates, etc...). En este proyecto, son l@s niñ@s quienes organizan sus horarios y eligen qué hacer con su tiempo la mayor parte de los días, pero hay una intención clara de que salgan de la escuela con los contenidos propios del curriculum de Primaria adquiridos, para facilitar su adaptación al Centro en el que decidan estudiar la Educación Secundaria. Después de unos meses de adaptación al nuevo curso, los niños y niñas se organizan en grupos según amistades e intereses comunes y elaboran sus horarios para recibir clases específicas, hacer talleres o proyectos que han propuesto y para elegir sus tiempos libres. Ell@s adquieren cierto compromiso con su grupo pero no siempre respetan el horario. 

          Hoy, el grupo de "Delfines" está en un taller y falta alguien...de pronto, toc toc toc, se abre la puerta y aparece un niño de 5 ó 6 años disfrazado con gorro y escudo. "Vengo a deciros que no quiero quedarme, hoy me quedo arriba jugando con otros niños"... Se lo dice a los "delfines", no está pidiendo permiso a la maestra, sino a sus iguales. "Bueno, vale por hoy, pero ya llevas así dos días, el próximo te quedas con tu grupo" le responde una niña de 5 años y él, satisfecho y de acuerdo con lo que le han dicho, se sube para seguir poniendo en práctica su deseo de ese momento.
         Paso la mañana recorriendo la casa, conociendo los espacios y sus materiales, observando, todavía desde cierta distancia, cómo funciona esta escuela en la que se respira un ambiente cálido, de  respeto y confianza.
         A las 13 horas, se recoge y se limpia entre tod@s (cada un@ sabe qué espacio le toca) y después 3 adultos en 3 lugares diferentes, leen cuentos e historias para distintas edades y cada niñ@ elige a cuál ir. Después, la casa de una familia vecina se convierte en comedor y allí se quedan a comer algun@s niñ@s. A las 15.30 las furgonetas se llenan y salen camino de Iruña (Pamplona).  
           
"Control de acceso"
          Otro día es Garoa la que me lleva en su coche, vamos pasando por campos verdes, pueblos y viñedos, a ritmo de "Rolling in the river" en la versión de Tina (tantas veces bailada con mis amigotas). Al llegar, ya están tod@s preparándose para el "corro", donde se saludan y se dan avisos, si los hay. Luego, cada cual a su lugar, al taller en el que le toque o quiera estar. Y así he ido viendo cómo se han organizado a lo largo de la semana: unas preparan en el taller de almuerzo creppes y batidos para toda la escuela, otros se fabrican varitas mágicas o walkie-talkies con madera, un grupo hace coches teledirigidos, otro usa el conocido material Montessori para avanzar con mates y lengua, otro está con su investigación de minerales; los mayores practican las canciones de su grupo de música, otros escuchan a un papá que ha venido a contar cosas, los "chikis" han salido de paseo por el campo y un grupo tiene taller de arcilla al estilo "Educación Creadora". También hay alguno que, por su cuenta, ha elaborado un sistema ficticio de acceso a los espacios usando huella dactilar, códigos personales o tarjetas con banda magnética que él va elaborando. ¡Impresionante!
       Y yo me pregunto, ¿A dónde van todas estas genialidades y los deseos reales de los niños y niñas cuando no pueden ser satisfechos, cuando no tienen un espacio, un tiempo, un adulto cerca que se asegure de que puedan disfrutar como se merecen? ¿Quedarán en algún espacio desconocido del cerebro? ¿Irán a algún lugar llamado "La isla de los sueños perdidos"? o ¿Se transformarán en dolores de tripa, miedos nocturnos, puñetazos y patadas?  Porque a algún lugar deben de ir, ya que es totalmente imposible que consigamos hacerlos desaparecer de las cabezas de sus dueños por mucho que nos empeñemos en tenerles callad@s y quiet@s.

     Mientras los deseos de much@s niñ@s del mundo planean un boicot contra el sistema para que toda la educación sea respetuosa y l@s niñ@s se sientan escuchad@s y correctamente atendid@s, en Tximeleta, el que quiere sale al precioso jardín de vistas envidiables a jugar y a disfrutar en las estructuras y en el arenero con las palas, rastrillos y manguera. Alguno juega más bien a "ser arena", porque lo que tod@s conocemos como hacer "la croqueta" con la arena de la playa, en Tximeleta, para alguno, es una costumbre. Menos mal que los adultos saben ver la importancia del disfrute de esos momentos y, en lugar de llamar la atención o regañar por mojarse y mancharse, les esperan con ropita limpia para que vuelvan a casa secos y felices. Porque eso es Tximeleta, un lugar donde les importa lo que les pasa a l@s niñ@s y lo que sienten, y donde saben que ésta es una de las maneras de educar a personas libres que ayuden en el futuro (y en el presente) a construir una sociedad mejor.

     Gracias, tximeleteros y tximeleteras, niños, niñas, profes y familias, por dejarme conoceros desde dentro y por compartir tanto conmigo. Me he sentido cuidada, respetada, escuchada y, como ya os dije, me vuelvo "fascinada". Siento que tod@s aprendemos más cuando nos hacemos preguntas y nos cuestionamos a nosotros mismos, que cuando obtenemos respuestas desde fuera. Y ahí estáis vosotr@s, reflexionando y buscando, creciendo cada día sin ser del todo conscientes de que a ratos, sois luciérnagas además de mariposas. Os deseo mucha suerte y espero que muchos niños y niñas puedan ser tximeletas durante unos cuantos años y con su aleteo, llenen su mundo y el nuestro de color.


- Txoko: palabra vasca que significa rincón o sitio pequeño.
- El dinero que se recauda comprando el libro "Un bombero entre mariposas" es para la Escuela y podéis encontrarlo aquí





miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Mal comportamiento o mala gestión de las emociones?

     Preparando el material para dar un curso sobre cómo mejorar la convivencia en el aula y en la escuela, recordé cuánto me había ayudado a entender a ciertos niñ@s la película de "Kirikú y la Bruja", así que decidí utilizar en el curso el fragmento de la peli que más me sorprendió. Cuando la vi por primera vez, yo ya estaba realizando un profundo cambio en mi mirada hacia la infancia, pues había ido desarrollando la escucha, la empatía y la comprensión hacia l@s niñ@s, gracias a mi trabajo personal y al sistema de trabajo del colegio, sobretodo gracias a las Asambleas que hasta 6º de Primaria realizábamos al menos 2 veces a la semana. Las Asambleas no son un lugar dónde se cuenta lo que se ha hecho el fin de semana únicamente (esto se hace cuando hay tiempo que rellenar), es un momento en el que se toman decisiones importantes después de debatir temas que son del interés de l@s alumn@s ya que influyen directamente en el funcionamiento del aula y del colegio. Se habla de las normas de convivencia, se hacen propuestas, se plantean conflictos a los que se busca solución y consecuencias, etc. Para mí, como docente, ha sido el momento más importante, imprescindible y emocionante que he vivido en la escuela. 
    Además es un lugar dónde vas conociendo mejor a tus alumn@s y su evolución, ya que las emociones están siempre expuestas, y conocerles nos ayuda a entenderles y a quererles, lo que nos da posibilidades para ayudarles mejor. Pero también, es el lugar donde el adulto pasa a un segundo plano (en el caso de 5º y 6º) y participa como uno más, no como el que manda y dirige la sesión, y así se desarrolla todo entre iguales: los temas a tratar, las propuestas y las consecuencias son decididas por el grupo y aprenden a aceptarlas tod@s porque surge del diálogo y del debate entre iguales, no de la autoridad (injusta, la mayoría de las veces) de la profe que dice lo que hay que hacer.
    En las Asambleas he disfrutado de muchos momentos especiales, como al escuchar consejos dados a compañer@s para que se sintieran mejor o para resolver un conflicto, quejas por injusticias detectadas en el cole, o peticiones para que yo cambiara algo relacionado con las clases. Pero entre las situaciones que más me han emocionado están aquellas en las que l@s niñ@s se han mostrado, nos han descubierto a tod@s su interior, quiénes son, sus secretos, lo que les gusta, lo que no, lo que les hace sufrir o lo que les pone tristes, y han podido pedir perdón públicamente por haber hecho daño a un compañer@, por haber tenido comportamientos violentos y agresivos, o por haber tenido un mal día y haberla tomado con todo el mundo. 
      Yo no había visto esto jamás y no me imagino a un grupo de adultos tratándose así ¡ojalá! pero si algo he aprendido, es que nadie quiere ser malo, nadie quiere hacer daño a la gente, y mucho menos a la que tiene cerca (aunque sea a ésta a la que más dañamos porque en el fondo, es la que más nos "mueve el piso"); ninguna persona quiere ser rechazada por ser violenta y sé que nadie quiere sufrir ni pasarlo mal en su día a día. Supongo que l@s adult@s ya debemos ser responsables  como para cambiar aquello que no nos gusta de nosotr@s mism@s, no vale que digamos "yo soy así", no, debemos hacernos cargo de las consecuencias que tienen nuestros actos, pero l@s niñ@s están en el camino de conocerse, de aprender valores (algun@s solo conocen los de su casa, tal vez no son los ideales y no han conocido otros modelos para poder elegir) y aún no son responsables totales de sus comportamientos. Yo creo que no debemos hacerles pagar las consecuencias con sermones, amenazas y castigos, sino ayudarles, explicarles, guiarles, mostrarles las opciones, pero hacerlo desde el respeto y la compasión, y dejar que así vayan construyéndose.
      En "Kirikú y la bruja" hay una escena que me dio muchas respuestas y que me ayudó a mirar la violencia en l@s niñ@s con otros ojos. Aquí os la dejo, dura 5 minutos: "Conversación con el sabio"
       Cuando vi con mis alumn@s la película, una niña me dijo al terminar:
         "Carla, ya sé por qué Nino se porta así con los demás y nos hace daño. Yo creo que sufre mucho, no sé por qué pero seguro que sufre, a lo mejor le han hecho daño. Hay que ayudarle y tratarle con mucho amor".
  ¿Os imagináis lo que me costó contener los lagrimones mientras me lo decía? ¿Os imagináis un coloquio después en el que cada niñ@ hablaba de su "espina" que le hacía sufrir y tod@s escuchaban con respeto? 
    Mostrar esta película a niñ@s de cualquier edad es un regalo, además de bonita y tierna dice cosas muy sabias en un lenguaje fácil de entender.
    
    Parece que los que peor se portan, los que más daño nos hacen y los que más nos "cuestan" como docentes, en verdad son los que más nos necesitan. Sé que a veces es difícil, pero nos toca hacérselo más fácil, nos toca tratarles con más amor. 

      Desde aquí, doy las gracias a los "Ninos" que han pasado por mi vida, porque me han hecho aprender, me han hecho sonreír y porque su sufrimiento me ha ayudado a mí a entender mejor a tod@s...




domingo, 27 de enero de 2013

"Pensando en los demás"


- "¿Qué es lo más importante para este año?¿Para qué estamos aquí?"
 - "¡Para ser felices!" 
      Así comienza el curso un tutor de una escuela de Primaria de Japón. Eso es lo que les dice a sus alumnos y alumnas el primer día de clase, y se lo cree tanto, que hace todo lo posible para que eso se cumpla. "Sólo tenemos una vida y tenemos que vivirla con alegría. Eso se consigue aprendiendo a pensar en los demás". El profesor Kanamori sabe lo que necesitan los niños y niñas y les facilita un espacio y unos tiempos donde poder expresar sus sentimientos y compartir sus emociones. No es sólo un momento puntual en el que se permite eso, sino que el ambiente del aula, el trato y la ausencia de juicio crean las circunstancias ideales para que la convivencia en el aula sea respetuosa y genere confianza. El señor Kanamori quiere una clase en la que los alumnos y alumnas creen fuertes vínculos entre ellos
         En el documental que os invito a ver, podéis ver en 50 minutos cómo el profesor Toshiro Kanamori genera ese espacio de confianza en el aula de 4ºA de la que es tutor por segundo año consecutivo. Podéis verlo aquí: "Pensando en los demás" (you can also whatch the English version).
       En la clase tienen ya adquiridos determinados rituales que ayudan a crear un clima especial. Por ejemplo, cada mañana se leen cartas escritas por varios/as alumnos/as en las que cuentan cómo se sienten o lo que piensan acerca de algo. Dichas cartas suelen generar opiniones, debate o comentarios entre el resto de compañeros/as y ahí se genera un espacio muy interesante para conocerse mejor. El día en que uno de los temas de las cartas toca los corazones (cuando muere un ser querido, por ejemplo), se crea un clima de solidaridad y el que lo necesita, expresa sus emociones ya vayan éstas acompañadas de llanto, risa, enfado, etc. 

       Los niños/as son personas, tienen sentimientos que en ocasiones les confunden más que a los adultos, sea porque llevan menos tiempo familiarizados con ellos, sea porque nunca antes los habían sentido, o porque nadie les ha ayudado a identificarlos y colocarlos. Son vulnerables, mucho, pero también son unos artistas en esconder sus miedos y sus sufrimientos y, por lo que yo he podido ver, si no se les ayuda invitándoles a compartir lo que les pasa y asegurándoles que lo que sienten es lícito y respetable, esas emociones se pueden quedar atrapadas; la molestia que eso genera puede provocar comportamientos indeseados  (de inseguridad, rabia, agresividad, etc) que no hacen bien a nadie. Aunque no nos guste lo que esté sintiendo un niño/a, o lo juzguemos de inapropiado, hay que aceptarlo porque es una realidad, es un logro que lo exprese y sólo lo hará si se siente escuchado con amor y sabe que no habrá juicio. Si ese sentimiento le hace daño a él mismo o a otros/as, ya estamos ahí para ayudarle, pero sin decirle qué es lo que debería estar sintiendo, porque eso puede generar sentimiento de culpa y así jamás le ayudaríamos. "Tienes derecho a sentir lo que sientes" (esto vale para cualquier persona de cualquier edad y es la base de una Escucha Activa).
    "Cuando la gente te escucha de verdad, vive para siempre en tu corazón", 
dice el maestro japonés.

      El señor Kanamori no sólo es un buen profesor por trabajar así la parte de la convivencia sino que también les hace aprender explicándoles los contenidos de una forma diferente y les invita a realizar proyectos donde desarrollan su imaginación y sus habilidades.
     El regalo más grande que a mi parecer les hace el profesor Kanamori a sus alumnos/as, es que les invita a experimentar la alegría de vivir, ¿lo habéis leído bien? ¿qué es alegría de vivir? ¿cómo se enseña eso?  Para transmitir eso uno debe creérselo y sentir en su vida esa alegría. Desgraciadamente hay mucha gente en el mundo de la docencia que no se siente así, es más, hay mucha gente a la que le cuesta disfrutar de su vida y mucha gente que, por tener sus emociones atrapadas, trata a sus alumnos/as con poco amor y mucho juicio. Nosotros/as somos los docentes y es nuestra responsabilidad conocer y cuidar a las personas que están bajo nuestra atención y cuidado (para mí es mucho más importante esto que asegurarme de que memorizan todos los contenidos).
       Creo que se puede ser buen docente sin sentir que la alegría te sale por los poros a diario,  no hace falta ser "la alegría de la huerta" para generar un espacio tan acogedor como el que genera este profesor pero sí que debemos mirar nuestras emociones como docentes, colocarlas y no permitir que jamás salpiquen a nuestros alumnos/as y mucho menos hacerles sentir responsables de eso que es nuestro.   
         Hay otros momentos fascinantes en el reportaje, como cuando les parece injusto el castigo que pone el profesor al niño que molestaba en clase, o cuando reciben a un compañero que acaba de perder a su padre, o el momento en que escriben un mensaje en la arena. También podemos ver momentos de cuidados especiales que tiene el profe atendiendo a los que lo necesitan o fortaleciendo el sentimiento de grupo. Esto también se aprecia cuando se despiden haciendo un corro en el aula. 

     Me parece una delicia de documental del que se puede aprender mucho. Yo sé que es posible trabajar así porque mis años como tutora han sido así de deliciosos y porque mis alumnos y alumnas me han ayudado a mí a experimentar la alegría de vivir, compartiendo risas, llantos, enfados, etc...y porque gracias a ellos/as yo he ido aprendiendo poco a poco a escucharles con amor. Aprendí a crear hábitos y rituales que facilitaban la escucha sin juicio y donde todos/as éramos capaces de realizar y recibir tanto críticas como cumplidos con respeto. Observarles en las asambleas y otros espacios de charla y resolución de conflictos, me hizo ver en los/as niños/as una sabiduría que nunca imaginé que tenían y que nunca habría descubierto si no hubiera aprendido a mirarles con amor y a escucharles sin juicio.  

     Después de ver el vídeo, y como ya he comentado en otra ocasión, me parece muy injusto que la educación que reciba un grupo de alumnos y alumnas dependa del maestro o maestra que le toque y no haya una garantía de que dicha educación sea de calidad, independientemente del docente. Además, esta organización de maestra/o por aula genera un vínculo tan fuerte que la influencia que reciben los/as niños/as es inevitable, sea ésta positiva o negativa. Vemos que el señor Kanamori ejerce una influencia positiva ya que transmite valores respetuosos y de cuidado a los demás. Yo quiero pensar que mi influencia también ha sido positiva sobre mis alumnos/as porque he trabajado en una línea similar pero, ¿no es muy arriesgado?¿no os parece una apuesta muy fuerte dejar a vuestros/as hijos/as bajo la influencia de una sola persona con la que establecen vínculos casi incondicionales y con la que pasan muchas horas? 

    Por eso estoy totalmente convencida de que una escuela libre (democrática) en la que los niños y niñas van descubriendo y aprendiendo a su ritmo, en la que se generan espacios de debate y de toma de decisiones, en la que hay varias personas adultas que acompañan pero no dirigen, garantiza la calidad que debe tener la educación en la que yo creo; invitando siempre a generar momentos en los que todos/as podamos abrir nuestros corazones y demos pistas de cómo estamos o qué necesitamos. Esto ayudaría a convivir de forma respetuosa y a sentir esa necesaria alegría de vivir. Si además la educación fuera acompañada de un apoyo social y gubernamental, como es el caso de Japón o Finlandia, todo sería mucho más fácil. “En Japón, el único profesional que no precisa reverenciar al emperador es el profesor pues, según los japoneses, en una tierra donde no hay profesores, no puede haber emperadores".   

   Disfrutad del documental hasta el último minuto porque ahí cobra todo mucho más sentido, y no os olvidéis de comentar y compartir vuestras opiniones y experiencias.