lunes, 1 de octubre de 2012

¿Queremos que los niños y niñas aprendan a viajar?

New York City
     Ya me voy de Amersfoort. Ya dejo la ciudad en la que nació y vivió Mondrian, pintor que evolucionó del más puro realismo hacia lo abstracto, en cuyas obras utilizaba solamente finos trazos verticales y horizontales para representar la realidad. Sostenía que el arte no debía implicarse en la reproducción de imágenes de objetos reales, sino expresar únicamente lo absoluto y universal que se oculta tras la realidad. Así realizó cuadros que representan grandes ciudades como Nueva York, con líneas rectas y solo 3 colores. Qué simple,¿no?
    Ahora es Amsterdam la que me inspira, la que me ayuda a reposar mi experiencia de las dos últimas semanas (de la que seguiré hablando mucho). Mapa en mano, cruzo las calles mirando de lado a lado para no ser sorprendida por un tranvía, un autobús, un coche, un ciclista, etc. y me doy cuenta de la suerte que tengo por estar aquí, haciendo en cada momento lo que más me apetezca, haciendo de turista, a mi manera. Porque uno también puede ser turista como quiera y vivir la ciudad visitada como más le apetezca. A lo mejor no visito ni un solo museo... no creo que coja ni un barquito en el canal... ¿tulipanes?, ¿molinos?...Pues haré lo que me plazca que para eso soy yo la que decide por mí, y espero no recibir ni un solo comentario de mi gente que diga "hija, ¿no has ido a ver el...?" o "chica, vaya pena que te perdieras lo de..." porque le diré "no he ido porque ¡no me ha dado la gana!" (que si, mamá, que lo voy a ver todo, es como una broma para enlazarlo con lo que voy a contar ahora...). Tenemos tanta tendencia a juzgar todo lo que hacen los demás, que ya hacemos juicios sin darnos cuenta de que es una valoración y una absoluta intromisión en la vida de los demás (entre los y las que, sin duda y a mi pesar, me incluyo) y con los alumnos y alumnas es aún más evidente.
     Estar aquí ahora me hace sentir muy libre y me recuerda al Sudbury Valley School. Cuando estás de viaje con gente y otra persona toma las riendas (y el mapa), o si es un viaje organizado, te dejas llevar; llegas a los sitios porque te llevan otros, te dicen qué transporte coger y dónde; si hay un guía, te lo cuentan en tu idioma. Disfrutas un montón, ¿eh? y, para ciertos viajes, es lo ideal pero ¿realmente has aprendido a moverte en ese lugar? Hay lugares preciosos, donde disfruté, de los que no recuerdo casi nada.
     Cuando estás sola, tú buscas dónde dormir, qué tranvía coger, dónde comprar el billete (¿para un solo viaje o uno válido 24 horas? haré las cuentas para ver qué es más rentable), haces el esfuerzo de usar las dos palabras que aprendiste en el idioma del lugar (lekker, heiligenbergerweg), etc... Entonces, una vez más, estás decidiendo y eligiendo lo que quieres en cada momento de tu viaje, de tu vida (aunque no siempre puedas elegir lo más divertido o lo que más desearías) y, no me vais a negar, que una se siente de otra manera viajando así.
   Pues lo que plantea este tipo de escuela es algo así. ¿Queremos darles un viaje organizado a nuestros niños y nuestras niñas, donde no puedan decidir qué país visitar ni qué hacer ahí, o queremos que aprendan a viajar? Por mucho que vayan innovando las escuelas, la educación es un viaje organizado en el momento en que hay un currículo cerrado que dicta lo mismo para todos y todas. Una se fijará más en los peces del canal y otro en los patos, una cogerá el autobús y otro el tranvía, pero ambos habrán viajado al país que les haya tocado sin posibilidad de elegir destino. 
    Parece que queremos pintar a los estudiantes, con todo detalle, la realidad que nosotros vemos, la misma para todos y todas, y no dejamos que descubran lo que ellos ven. Como descubrió Mondrian, tal vez sea mucho más simple, dos dimensiones: respeto y libertad, ¡que ellos elijan los colores! y así saldrá lo esencial que llevan dentro, lo "simple" (lo absoluto y universal que se oculta tras la realidad).

     Cojo el tranvía número 13. Bajo en Westermarkt. Hay una gran cola de gente esperando para entrar en la casa museo de Ana Frank. No estoy segura de querer entrar y ver el lugar que fue testigo de tanto miedo e inseguridad de una familia y en concreto, de varios niños y niñas. Las líneas que ella escribió en sus diarios durante esos años de incertidumbre, nos demuestran la fuerza que tuvo para poder aguantar semejante situación. Muchas de sus frases expresan gran madurez y responsabilidad al entender cómo debían actuar en cada momento. Me impresiona (y me duele) cuánto son capaces de aguantar los niños y niñas. ¿Acaso no pueden soportar situaciones, en ocasiones mucho más dolorosas, mejor que la gente adulta? (separaciones difíciles, situaciones de maltrato, abusos, humillaciones, etc.) Y, en muchos casos, no se quejan sino que se callan para no entristecer a su padre ni a su madre o incluso, en ocasiones, se sienten culpables y merecedores de ello. ¿Quién dice que no están lo suficientemente preparadas y preparados para asumir responsabilidades y saber qué es lo mejor para ellos y ellas?
    Entro en el museo y agradezco que un molesto dolor de cabeza me haga recorrer la casa rápidamente para no acabar este bonito día con cierta tristeza. 
    
     




7 comentarios:

Rafa dijo...

Hola Carla. Me enacanta leer tu blog. Creo que a la vez que aprendes nos estás mostrando cosas muy interesantes.
La semana pasada proyectamos aquí en Mataelpino la película "La Educación Prohibida" http://www.educacionprohibida.com Supongo que la conocerás. Y estuvimos hablando sobre todas estas escuelas que proponen otra educación. Una de las conclusiones a la que llegamos es que probablemente no hay una escuela ideal que sirva para todos los niños. Pero hay gente (y tu viaje nos lo está mostrando) que intenta adaptar la escuela a los niños y no al revés. Y eso tiene un enorme valor.
Me da mucha pena y cargo de conciencia no haber estado más atento y más implicado con la educación de mis hijos, no haber tenido la valentía de buscar una alternativa al sistema establecido, pero supongo que nunca es tarde para aprender.
Un abrazo muy fuerte. Muchas gracias y no pares de contarnos cosas.

Anónimo dijo...

Hola Carla,

que sepas que NOOOO ESTOY CELOSA,
NOOOOOOO, porque Carlota, tu alumna y mi hija, quiere que tú seas la primera en leer su relato. ¡BUAAA, BUAAA, BUAAAA! Creo que te lo ha mandado a tu correo. ¡SNIF, SNIF! Lo ha titulado "FLOR EN LLAMAS" ¿No es preciso?
Carmen

Carla Martín Serrano de Pablo dijo...

Rafa, muchas gracias. Sí esta peli está dando mucho de que hablar y estoy totalmente de acuerdo contigo en que no hay una escuela ideal que sirva para todos y todas pero por eso es necesario que haya diversidad de escuelas y que cada cual elija, no? Un besazo.

Carmen...Gracias por compartir esto conmigo, puedes estar muy orgullosa de tu niña y yo estoy emocionada, deseando leerlo (no me ha llegado nada) Un abrazo fuerte.

Carmen Espinosa Ballestero dijo...

Sobre la película a que se refiere Rafa, La Educación Prohibida, deciros que la he visto porque leí en El País un artículo sobre ella. Me hice a la idea de que la película sintetiza las inquietudes de la comunidad educativa respecto a la ineficacia del sistema de educación en uso. Bueno, pues lo cierto es que la peli en cuestión me decepcionó sobremanera. A mí me plantea, además, un problema añadido: aclarar que, como maestra absolutamente disconforme con el sistema de enseñanza, tampoco suscribo ese mensaje. Es un documental en que se recogen todos los tópicos sobre autoritarismo, encasillamiento a través de las notas y castración intelectual, y no se aporta ni una alternativa consistente. Cierto que la escuela limita, desalienta, deforma y asfixia, pero ese discurso tan simple y facilón, falto de contenido y sustancia donde los haya, no es la forma de propiciar el cambio. En mi opinión, un horror dañino.

Carmen dijo...

Carla, en cuanto la vea le digo que te lo vuelva a mandar porque Carlota espera con ganas tu opinión sobre su novela.

Carla Martín Serrano de Pablo dijo...

Carmen estoy de acuerdo en parte con la crítica que haces, pero está teniendo mucha difusión (porque la gente tiene ganas de escuchar cosas diferentes) y está provocando debates y que mucha gente se plantee qué pasa con la educación y aunque solo sea por eso, merece mi admiración. Además, me gusta la idea (aunque quede un poco forzado en la peli)de que los estudiantes sean la voz de la queja... Gracias por los comentarios!!

Bernardo Mateu dijo...

Carmen Espinosa, no comparto tu opinión. Estoy viendo esa película a trocitos porque es muy larga y presto más atención en intervalos cortos. La película me parece muy buena, hay que verla. Si que aporta alternativas consistentes, aporta cada comentario y cada centro que puedes conocer de los que ahí se hablan. Aporta argumentos y opiniones que no están habitualmente en el discurso "común" de la calle. Aporta opciones e informa.
Como dices a ti algo de lo que se dice te produce algún problema y horror. A mi me produce horror el que yo no pueda elegir llevar a mis hijos a colegios como los que allí se comentan y el perderme todo ese aprendizaje que como padre podría hacer para aplicarlo a mi casa.
Informar y sentir que algo de lo que uno hace no le gusta, le incomoda o que sufre es un primer paso para ponerse a cambiar. Entiendo algo de la angustia y frustración y daño surge al ver esta película, ser uno partícipe de esto y no saber que hacer.
Al leer tu comentario me surgió la pregunta y ¿cómo propiciar el cambio?, ¿desde dónde?, ¿desde quién?, ¿hacia dónde?, ¿cuál es el método, proceso, práctica o terapia que más te convence para propiciar el cambio?
Me recordó al dicho este de Confucio que da la dirección hacia la solución, dice algo así:

“Si quieres cambiar tu reino, cambia primero tu provincia; para que tu provincia cambie, cambia primero tu ciudad; para cambiar tu ciudad, cambia primero tu clan; para cambiar tu clan, cambia primero tu familia; y para que tu familia cambie, cambia primero tú”


Entiendo que la solución de esto sería ponerse en ese camino, cambiar uno, cambiar tu, cambiar yo. ¿Qué he hecho hoy para cambiar yo?,¿qué práctica uso para cambiar, bajo qué lógica funciona?